Cristo de la Luz

Cristo de la Luz

miércoles, 3 de octubre de 2018

¿El fin del aborto legal en EEUU?

Mis lectores saben que no suelo escribir sobre temas de actualidad política. Prefiero reflexionar desde la tranquilidad de una perspectiva más remota. No soy amante de lo que se llama "estar al día"; confieso que no entiendo el interés febril con que algunos siguen las noticias, como si fuera una acuciante necesidad conocer todos los pormenores de lo que ocurre en la política. Hoy, sin embargo, pienso escribir sobre una noticia que tiene un significado enorme, porque creo que pocos ciudadanos de a pie son conscientes de hasta qué punto puede significar un antes y un después en la guerra contra la Revolución. Me refiero a la nominación del juez Brett Kavanaugh para ocupar la plaza vacante en el Tribunal Supremo de EEUU.

¿Por qué es de tanta envergadura esta noticia? Para los que desconocen el funcionamiento del sistema legal y judicial de EEUU, explicaré lo que está en juego. En dicho país, por extraño que parezca, el gobierno de la nación NO HACE LAS LEYES. Bueno, las pequeñas, que importan relativamente poco, sí. Las gordas, las que cambian el rumbo del país, las dicta el Tribunal Supremo, compuesto por nueve jueces vitalicios, cada uno nominado por el Presidente y confirmado por el Senado. Cuando uno de los jueces del tribunal se muere o se retira, toca nombrar a uno nuevo. Lógicamente, cada presidente nomina a jueces que son de su tendencia política e ideológica, siempre que cuente con un Senado afín. En sólo dos años Donald Trump ha tenido la suerte de nominar a dos jueces y de contar con un Senado con mayoría republicana; primero nominó con éxito a Neil Gorsuch, tras la muerte de Antonin Scalia, y ahora ha nominado a Brett Kavanaugh para reemplazar al jubilado Anthony Kennedy. La primera nominación ocurrió sin gran revuelo, porque fue cambiar a un juez conservador por otro, pero la segunda nominación ha desatado un auténtico huracán político. En el caso de Kavanaugh, se trata de un juez católico, PRO-VIDA, para sustituir a uno liberal. El titular es éste: la Revolución, con el juez Kavanaugh, perderá su mayoría 5-4 en el Tribunal Supremo, y por primera vez en 40 años el otro bando tendrá la mayoría.


Esto significa, en teoría, que se podría deshacer toda la legislación anti-cristiana de las últimas décadas. El aborto que fue legalizado a nivel federal en 1973, gracias al famoso caso del Tribunal Supremo, Roe vs Wade, se podrá derrogar por fin. En los últimos tiempos se ha utilizado el Supremo como una puerta trasera, legalizando todo tipo de ingeniería social que no se ha conseguido legalizar de forma democrática. Un buen ejemplo es el mal-llamado matrimonio homosexual. Cada vez que se sometía a votación en los estados, vencía el matrimonio real (digo "matrimonio real", porque el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres es tan ficticio como un matrimonio entre un hombre y su perro). Hasta en el estado liberal de California, donde gobernaba el partido Demócrata, con el apoyo masivo de grandes fortunas y multinacionales, el matrimonio homosexual salió derrotado por los electores. Tras decenas de fracasos, los promotores de la perversión sexual se han dado cuenta de que la mejor forma de hacer realidad el matrimonio legal entre dos personas del mismo sexo es a través de una sentencia del Tribunal Supremo. En 2017 lo lograron con la sentencia Obergefell vs. Hodges: subvirtieron el orden natural de la familia, además de ir en contra de la voluntad popular. Es un ejemplo de la hipocresía del Nuevo Orden Mundial, para quienes la democracia es buena, pero sólo cuando da a la Revolución los resultados deseados.

El partido Demócrata sabe perfectamente lo que se juega con la nominación de Kavanaugh. Por esta razón han pasado al ataque con una violencia y una falta de escrúpulos inusuales, hasta para ellos. Una "señora" (en un sentido laxo de la palabra), Christine Blasey Ford, ha acusado a Kavanaugh de acoso sexual en una fiesta CUANDO IBAN AL INSTITUTO; es decir, hace 36 años, cuando ella tenía 15 años y él 17. Ford, una demócrata convencida, nunca denunció la supuesta agresión. No recuerda exactamente donde ocurrió, ni la fecha exacta. Para colmo, no hay ni un solo testigo que corrobore su versión de los hechos; las cuatro personas a las que ella alude en su testimonio dicen no saber de lo que está hablando. Una de ellos, Leland Keyser, una amiga de toda la vida, dice que no recuerda estar nunca en una fiesta con el Sr. Kavanaugh.

Para cualquier persona con un ápice de sentido común está claro que la acusación de Ford es una mezcla de oportunismo político y victimismo feminista. Si con esta maniobra los demócratas logran tumbar la nominación de Kavanaugh, o al menos retrasarla hasta las elecciones al Senado, podrán evitar la pérdida de su mayoría progresista en el Tribunal Supremo. Y si, además de eso, la "Señora" Ford consigue sus 15 minutos de fama como la víctima nacional del machismo, será como matar dos pájaros de un tiro. Lo tremendo no es que haya gente perturbada, capaz de adoptar el papel de víctima por injusticias que sólo han ocurrido en su imaginación; lo realmente tremendo es que haya tanta gente que les tome en serio. Si resulta que a partir de ahora, siguiendo las directrices de Hillary Clinton, hay que creer a TODA MUJER que denuncie un maltrato a manos de un varón; si nos olvidamos del principio de la presunción de inocencia; si ya no hace falta aportar pruebas incriminatorias para que una acusación sea creíble; y si ahora una acusación equivale automáticamente a una sentencia de culpabilidad, más valdría abolir de inmediato todo el sistema judicial.


Espero y le pido a Dios que los senadores republicanos no se dejen engañar por esta farsa y confirmen pronto la nominación de Kavanaugh. Lo interesante será una vez que se confirme en el Tribunal Supremo, porque los poderes de la Revolución ya no tendrán el recurso de aprobar leyes anti-cristianas mediante sentencias judiciales, y a partir de ese momento si deciden seguir adelante con su programa de ingeniería social, imponiendo sus leyes, a pesar de la oposición del pueblo Y de los tribunales, será muy evidente para todos los ciudadanos estadounidenses que hay una élite por encima del sistema democrático. Francamente no sé lo que harán en ese caso. Por un lado se enfrentan a la posible ilegalización del aborto; por otro no quieren que se les vea el plumero. La confirmación de Kavanaugh no sólo puede significar el final del aborto legal en EEUU; puede significar también el final del paripé democrático, cuando el Enemigo por fin se quita la careta y todo el mundo se da cuenta de quién ha estado siempre detrás de la Revolución: el Demonio en persona.

jueves, 20 de septiembre de 2018

The Devil is Left-wing

Today the terms "left" and "right" are constantly used to identify the two opposing sides of the political struggle. This is problematic for several reasons. Firstly, because very few really know what it means. For some it is about morality; for others it has more to do with the economy; and for others it is mostly linked to a model of the State. The truth is that it has to do with the three aspects, as I will explain later. Secondly, because the parties that today are considered "right-wing" are not on the right in a genuine sense. They are rather conservative; that is, they seek only to preserve the status quo, instead of changing things for the better. This is because, as they are relativists, without an absolute moral standard, they lack a truly right-wing vision. And thirdly, it is confusing because there is an agenda behind the left that is usually hidden. They present us with political proposals that are no more than bait for the masses. The politicians on the left are not sincere, neither in their motivations nor in their objectives. What all the leftist parties really pursue is the Revolution, but this is not normally disclosed, because it would be too radical for most of their voters and they would lose popular support.

In other articles I have spoken of the false dichotomy between the right and left-wing parties, which in modern democracies are nothing more than different packages for the same product. Does this mean that the true right does not exist anymore? Of course it still exists, but it is very difficult for it to gain political representation, because the global powers do everything possible to crush any organization that is truly on the right. They always mange to replace them with a false opposition; they neutralize the real opposition with a controlled opposition. In fact, the right only survives in small cells of society, scattered among countries, without a central leadership. The right survives in every soul that opposes Satan's plans to impose his New World Order, in every soul that fights against the Revolution, which is essentially the destruction of the Christian social order.

In Argentina we recently saw how the Revolution lost a battle, when the Senate of that country rejected the legalization of abortion. The left and the false right, all the mainstream media and the entire system were in favor of legalizing abortion. Not even the hierarchy of the Catholic Church, which should be the beacon that guides the faithful along the right path, seemed too interested in stopping it. Many bishops were silent, not wanting to "get involved with politics." However, the right prevailed. It was thanks to the prayers of millions of simple believers and the mobilization of anonymous citizens. In this case, they represented "the right"; an orphan right, without leadership, without great financial backing, and without the support of the media.

To know what it really means to be right-wing, I think we have to know the origin of the idea. Many think that the terms right and left go back to the times of the French Revolution, when in the National Assembly, those who defended the Ancien Régime sat on the right of the rostrum and the supporters of the Republic sat on the left. It is true that it was from that time that these terms began to be used in politics, and it is true that the two pillars that supported the old regime, the monarchy and the Church, are closely linked to the concept of the right. However, the idea of ​​right and left, as two opposing worldviews, is much older, and it is not enough to be monarchical and Catholic to be on the right. I would say that the idea is as old as Humanity itself.

A fundamental passage is when Our Lord speaks about the right and the left, in reference to the Final Judgment:
When the Son of man comes in his glory accompanied by all his angels, then he will sit on his throne of glory. All the nations shall be gathered before him, and he shall separate one from another, as the shepherd separates the sheep from the goats. He will put the sheep on his right, and the kids on his left. (Matthew 25: 31-33)
For our discussion, this Gospel passage is extremely interesting, because those who are destined for salvation are those who are on the right hand of Our Lord and those who go to eternal damnation are those on the left. One could object, saying that Our Lord was not talking about politics, and that any comparison between this passage and our current political situation is mere coincidence. I do not think so. The Sacred Scriptures, like no other book, have the virtue of being relevant in very different times and circumstances. Popular wisdom has always referred to the left (the sinister) as something evil and dangerous. It is also striking that in European languages, the root of the right (the right hand) and right (synonym of correct or straight) is the same. If the right is associated with righteousness, the left is all that is crooked. In popular culture, the right represents honesty and moral responsibility, while the left represents lies and illegitimacy.

In this sense, being on the right means sticking tenaciously to a moral code, instead of always opting for the easy path of selfishness. The victories of the left, or the Revolution, which we have said are the same thing, are always through the same temptations; appealing to the seven deadly sins, the masses are promised a better life. To give some examples, the triumph of the revolution of Luther in the sixteenth century had very little to do with theology, and much more with the greed of the monarchs and aristocrats, who stole the extensive lands and properties of church. The French Revolution was concocted by atheistic philosophers, but it triumphed amongst the people thanks to the sin of rage, a resentment and diabolical hatred, centered on the person of Louis XVI. The different communist revolutions during the twentieth century were achieved thanks to the sin of envy. No communist leader recognizes it, but deep down that is what moves them; knowing that "the rich" have more than them. The proof is that, as soon as they rise to power, the first thing they do is become new rich. The sexual revolution of the sixties was evidently achieved through the sin of lust.

Nowadays, knowing what lies behind the left´s slogans, it is easy to identify the temptations that its politicians use. Like the serpent in the Garden of Eden, they tell man that he "has a right" to this and the other; they raise their voices to demand an equitable distribution of wealth, to demand justice for the poor. History repeats itself. The masses fall into their temptations and then, when they discover that the dictatorship of the proletariat has brought only death and misfortune; when they discover that the left has not made the poor richer, but has impoverished everyone; then, it is too late, because when the serpent comes to power, it never lets go. Conservative politicians only protest that the left is "too radical", without going deeper into the issues. All of their warnings sound like immobilism; they oppose change because change scares them, or because they are comfortable with things as they are now. The false right is incapable of dismantling the arguments and countering the lies of the left, because, unlike the left, they lack a long-term political vision. Actually this false right is not opposed to the plans of the left at all; at best it manages to slow them down or stall them, and when it comes to power after a leftist government, rather than undoing all the evil the left has caused, it leaves everything as it is, thereby consolidating all the "progress" of the Revolution. This is what it means to say that the policies of today´s left are the policies of tomorrow´s conservatives.

The second interesting aspect of the Gospel passage of Saint Matthew is that Our Lord identifies those on the right with sheep and those on the left with goats. Sheep and goats have very different characters; the former are docile to the orders of the shepherd, while the latter are by nature rebellious. With this metaphor I think Our Lord means to say that the essential attitude we must acquire if we wish to be saved is docility to the voice of God. The voice of God for the infidels, for those who have never heard the Gospel, is their conscience. For those of us who have heard the Gospel, in addition to our conscience, there is the Word of God and the teachings of His Church. He who is docile to that voice, and seeks to do the will of God, will be saved; whoever rebels against that voice and insists on doing his own will, will be condemned.

In Christian iconography, Jesus Christ, the obedient Son, is represented as the Lamb of God. In contrast, the Devil, the eternal rebel, is represented as a goat. Modern Satanism is not ashamed of this symbology; the depiction of Satan as the Billy Goat appears constantly in satanic images, especially in the music industry. The fans of heavy metal music, a 100% satanic style, popularized the hand gesture of the horns, in reference to the Devil. This hand sign has now become so normal that any celebrity can make the sign of Satan, and nobody bats an eyelid. It is an indication of the Demon's growing influence on the modern world, in which the majority chooses to follow the path of the left and live like goats, instead of the path on the right and be sheep.

Now that we have seen the origins of right and left, we must answer the question: what does it mean to be truly right-wing? If we can understand exactly what the Revolution is, promoted by the left, we will know what the right has to be: the opposite. One of the best works about the Revolution is that of Monsignor Gaume, a French bishop who wrote about the Masonic conspiracy in relation to the French Revolution. The Revolution is defined by Monsignor Gaume thus:
I'm not what you think. Many talk about me and very few know me. I am neither carbonarism, nor rebellion, nor the change of monarchy into a republic, nor the substitution of one dynasty for another, nor the momentary disturbance of public order. I am neither the cries of the Jacobins, nor the furores of the Mountain, nor the combat of the barricades, nor the pillage, nor the fire, nor the agrarian law, nor the guillotine. I am neither Marat, nor Robespierre, nor Babeuf, nor Mazzini, nor Kossuth. These men are my children, but they are not me. What they did are my works, but not me. These men and those things are transient facts inasmuch as I am a permanent state ... I am hatred of all order that has not been established by man and where man is not king and god at the same time.
This is the key: the subversion of any order that man has not established. Those who reject God's order in a certain sense can be said to be apostates, because they deliberately reject the gifts they have received from their Creator. What God has arranged in our lives includes:

  • Our race. In the West there is a war against the white race, and many native Europeans have assumed a sense of guilt for the mere fact of being white. An insidious marxist view of history, that blames the West for all the world´s problems, lies behind this hatred of European culture, and by extension the native white European peoples. This hatred towards the white race has become so extreme that wearing a T-shirt that says "It's OK to be white" is considered an act of racist provocation. Being on the right necessarily implies being proud of the race that your Creator has given you, whatever it may be. Only miserable leftists apologize for being white.
  • Our sex. Social engineering against the biological notion of the sexes is today another battle front in the war against the Revolution of the Left. Gender ideology tries to convince us that being a man or a woman is a cultural invention, and that there are no essential differences between the sexes. Therefore, according to this absurd theory, a man can decide to become a woman, and vice-versa. This attack on human biology itself is the lastest stratagem of Satan in his attack on God´s Creation. We who are on the right must reject this perverse ideology with all our strength. Those of us who are men must cultivate masculinity, and women must aspire to be as feminine as possible. There is no room for ambiguity or compromise in this area.
  • Our family. The left seeks to destroy the family, partly because without families their indoctrination plan will work better (it is easier to manipulate disconnected individuals than groups with strong ties to each other), and partly because it hates everything that is sacred, everything that comes from God. God intended us to be born into and live in families. The family is where we learn everything that truly matters; it is how the Faith is passed on from generation to generation. The Son of God wished to experience family life as a man when He took on human flesh. Through the legalization of adultery and divorce the left weakens marriage, and through propaganda from the mass media, it promotes contraceptive methods, pornography, and generally trivializes sexual relations. The left pretends it is in favour of the family by arguing that there are now many different models of families, including homosexual families. This is no more than a trick of semantics, for there is only one possible model of the family: the NATURAL family, that results from the union of a man and a woman. Everything else is a mere mockery. The right must stand up to the tide of filth emmanating from the mainstream media and entertainment industry. It must defend the sacredness of marriage and the family at all costs.
  • Our homeland. The left advocates for a world without borders, a multicultural utopia. This globalist movement is based on hatred towards the very notion of a homeland. Just as no one chooses their race, nor their sex, nor their family, no one chooses their homeland. It is something that is given to us, that God has arranged. With a homeland comes a history and a cultural heritage. Leftists hate popular traditions, because they help to identify people with a specific region or country. The globalist left would like us to be interchangeable, rootless beings, like McDonalds restaurants, which are exactly the same anywhere in the world. In this way one of the original objectives of Freemasonry would be reached: the abolition of nations and the establishment of a world government. Naturally, the right must oppose the globalists and defend the sovereignty of their nations. Right-wingers must demand that governments control their countries´ borders, especially if their countries are being invaded by thousands of immigrants every month, as is currently happening in Europe. Right-wing people must celebrate their cultural heritage and fight the pernicious influence of multiculturalism.
As for other aspects, such as the economy or the model of State, the left as always prefers what best serves to advance the Revolution. In economic matters, this can be summarized in a nutshell: the more taxes, the better. The left does not really believe in the right to private property, which allows it to justify the confiscation of more than half a worker's annual income. When a government, with the idea of ​​"distributing wealth better", takes money from one group of people to give it to another, it is simply a form of THEFT. Although right-wingers are obliged to oppose socialism, not only because it constitutes a system of state-sanctioned theft, I am not encouraging people to stop paying their taxes. That can only be considered as a last resort, because it is a route that leads directly to jail.

The economic policy of the left leads us to the model of State that it usually implements: a macro bureaucracy with millions of officials, handling a high percentage of gross domestic product. In other words, exactly what exists in Spain, for example, whether the left or the false right governs. Traditionally, taxes have been used to pay for the military defense of the nation, for justice, which includes security and public order, and for infrastructures. Everything else is excessive and leads to socialism. Government benefit programs, social services, education, health, culture, and let´s not forget propaganda, require huge amounts of money in taxes, which drain the middle classes (as they say, neither the rich nor the poor pay taxes). Grossly over-sized governments and runaway public spending are favoured by the left, because collectivists always want to concentrate power in the State; this way it is easier to control the citizens. The same happens with gun control, a preferred cause of the left; it is more about controling people than about controling guns. The left prefers disarmed citizens, because that way they are defenseless against the abuses of government power. It all comes down to this; The left always seeks to control the population, in order to implement totalitarianism, where every aspect of daily life is dictated by the government.

The right should always push for small government, with limited powers. It should promote private initiative, especially in small companies. Citizens should know that the State is not there to take care of children or grandparents, nor to take care of the unemployed; that is up to families, communities and, in exceptional cases, charitable organizations. The right, unlike the left, has to demand from citizens individual responsibility, based on the principle of subsidiarity, as Pius XI teaches in his encyclical Quadragesimo anno. The left, with so many free aid programs, deliberately creates addicts to state assistance (which we all pay), knowing that people who depend on the government will always vote for leftist parties. In countries with a welfare system, buying votes with other people´s money is a constant feature of democracy, and there is no leftist who is not an expert in this tactic. In contrast, the right should encourage personal autonomy and demand that the State only take care of what is strictly necessary.

I could finish by summarizing everything in one sentence: to be on the right, you have to be counter-revolutionary. This concept, explained brilliantly by the great Catholic intellectual, Plinio Correa de Oliveira, goes to the heart of the matter. If the left fights without truce to advance the Revolution, that is, the destruction of the Christian social order, we, the right-wingers, have to fight AGAINST that Revolution. There is no need to invent anything new. It is as easy as looking back to a time when society was governed by the laws emanating from the Gospel, a fully Christian society. When has there been such a thing? According to Pope Leo XIII, European Christendom of the thirteenth and fourteenth centuries was exactly this.
There was a time when the philosophy of the Gospel ruled the States. At that time the efficacy of Christian wisdom and its divine virtue had penetrated the laws, institutions, morals of the people, infiltrating all classes and relationships of society. The religion founded by Jesus Christ was placed firmly in the degree of honor that corresponds to it and flourished everywhere thanks to the benevolent adhesion of the rulers and the legitimate tutelage of the magistrates. (Immortale Dei)
The path for all counter-revolutionaries to follow, for all those who consider themselves to be truly on the right, was laid out more than a century ago by the great Pope St. Pius X: Instaurare omnia in Christo ("Restore everything in Christ").



lunes, 10 de septiembre de 2018

El Demonio es de izquierdas

Hoy en día se usan constantemente los términos "izquierda" y "derecha" para identificar a los dos bandos opuestos de la lucha política. Esto es problemático por varias razones. Primero, porque casi nadie sabe realmente lo que significa. Para algunos se trata de la moralidad; para otras tiene más que ver con la economía; y para otros está sobre todo vinculado a un modelo de estado. La verdad es que tiene que ver con los tres aspectos, como explicaré más adelante. Segundo, porque los partidos que hoy se consideran de "derecha" no lo son en un sentido genuino. Son más bien conservadores; es decir, sólo buscan conservar el estatus quo, en lugar de cambiar las cosas para mejor. Esto es porque, al ser relativistas, sin un estándar moral absoluto, carecen de una visión trascendente. Y tercero, es confuso porque hay una agenda detrás de la izquierda que se suele ocultar. Nos presentan propuestas políticas que no son más que cebo para las masas. Los políticos de la izquierda no son sinceros, ni en sus motivaciones, ni en sus objetivos. Lo que realmente persiguen todos los partidos de izquierda es la Revolución, pero esto no lo dicen porque sería demasiado radical para las masas y perderían apoyo popular.

En España entiendo que entre el nacionalismo católico, el término "de derechas" causa bastante aversión, por la historia particular del país y porque se percibe como una imposición arbitraria del sistema liberal. A pesar de ello, al ser forastero, escribo desde una perspectiva algo distinta. Además, pienso que los conceptos "izquierda" y "derecha" pueden ser útiles en un sentido didáctico.

En otros artículos he hablado de la falsa dicotomía entre los partidos de derecha e izquierda, que en las democracias modernas no son más que envoltorios distintos para el mismo producto. ¿Significa esto que ya no existe la derecha? Claro que aún existe, pero es muy difícil que tenga representación política, porque los poderes mundiales hacen todo lo posible para fagocitar cualquier organización auténticamente de derechas. Siempre colocan a los suyos como falsa oposición; neutralizan la oposición real con una oposición controlada. En realidad, la derecha sólo sobrevive en pequeñas células de la sociedad, esparcidas entre los países, sin organización central. La derecha sobrevive en cada alma que se opone a los planes de Satanás de imponer su Nuevo Orden Mundial, en cada alma que lucha contra la Revolución. ¿Qué es esencialmente la Revolución? La destrucción del orden social cristiano.

En Argentina hemos visto recientemente como la Revolución ha perdido una batalla, cuando el Senado de dicho país rechazó la legalización del aborto. La izquierda y la falsa derecha, todos los principales medios de comunicación y el Sistema entero estaban a favor de legalizar el aborto. Ni siquiera la jerarquía de la Iglesia Católica, que debería ser el faro que guía al pueblo por el camino del bien, parecía demasiado interesada en pararlo. Muchos obispos se callaron, por no querer "meterse en política". Sin embargo, el bien prevaleció. Fue gracias a las oraciones de millones de fieles sencillos y a la mobilización de ciudadanos anónimos. Ellos, en esta situación, representaron "la derecha"; una derecha huérfana, sin liderazgo, sin grandes medios económicos, y sin el apoyo de los medios de comunicación.

Para saber qué significa en verdad ser de derechas pienso que hay que conocer el origen de la idea. Muchos piensan que los términos derecha e izquierda remontan a los tiempos de la Revolución Francesa, cuando en la Asamblea Nacional, los que defendían el Ancien Régime se sentaban a la derecha de la tribuna y los partidarios de la República se sentaban a la izquierda. Es cierto que fue a partir de aquella época que se empezó a usar estos términos en política. Y es cierto que los dos pilares que sostenían el antiguo régimen, la monarquía y la Iglesia, están estrechamente ligadas al concepto de la derecha. No obstante, la idea de derecha e izquierda, como dos formas opuestas de entender la vida, es muchísimo más antigua, y no basta ser monárquico y católico para ser de derechas. Yo diría que la idea es tan antigua como la Humanidad misma.

Un pasaje fundamental es cuando Nuestro Señor habla sobre la derecha y la izquierda, en referencia al Juicio Final:
Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. (Mateo 25:31-33)
Para nuestra disquisición este pasaje evangélico es sumamente interesante, porque los que están destinados para la salvación son los que están a la derecha del Señor y los que van a la condenación eterna son los de la izquierda. Uno podría objetar, diciendo que Nuestro Señor no hablaba de política, y que cualquier comparación entre este pasaje y nuestra situación política actual es mera coincidencia. Yo creo que no. Las Sagradas Escrituras, como ningún otro libro, tienen la virtud de ser relevantes en tiempos y circunstancias muy distintas. La sabiduría popular siempre se ha referido a la izquierda (lo siniestro) como algo malvado y peligroso. Es llamativo también que en los idiomas europeos, la raíz de derecha (la mano derecha) y derecho (sinónimo de recto) es la misma. Si la derecha se asocia con la rectitud, la izquierda es lo torcido. En la cultura popular, la derecha representa la honradez y la responsabilidad moral, mientras que la izquierda representa la mentira y la ilegitimidad.

En este sentido, ser de derechas significa adherirse tenazmente a un código moral, en lugar de optar siempre por el camino fácil del egoísmo. Las victorias de la izquierda, o la Revolución, que hemos dicho es la misma cosa, siempre son mediante las mismas tentaciones; apelando a los pecados capitales, se promete al pueblo una vida mejor. Por poner algunos ejemplos, el triunfo de la revolución de Lutero en el siglo XVI tuvo muy poco que ver con la teología, y mucho más con el pecado de la avaricia de los monarcas y aristócratas, que se hicieron con las cuantiosas tierras y propiedades de la Iglesia. La Revolución Francesa fue gestado por filósofos ateos, pero triunfó entre la plebe gracias al pecado de la ira, un resentimiento y un odio diabólicos, centrados en la persona de Louis XVI. Las distintas revoluciones comunistas durante el siglo XX se lograron gracias al pecado de la envidia. Ningún dirigente comunista lo reconoce, pero en el fondo eso es lo que les mueve; saber que "los ricos" tienen más que ellos. La prueba es que, nada más subir al poder, lo primero que hacen es convertirse en nuevos ricos. La revolución sexual de los años sesenta del pasado siglo evidentemente se consiguió a través del pecado de la lujuría.

Todavía, sabiendo qué hay detrás de la izquierda, es fácil identificar las tentaciones que usan los políticos. Como la serpiente en el Jardín de Edén, dicen al hombre que él "tiene derecho" a esto y a lo otro; levantan la voz para reclamar un reparto equitativo de las riquezas, para exigir justicia para los pobres. La historia se repite. Las masas caen en las tentaciones y luego, cuando descubren que la dictadura del proletariado sólo ha traído muerte y desgracia; cuando descubren que la izquierda no ha hecho más ricos a los pobres, sino que ha empobrecido a todo el mundo; entonces, es demasiado tarde, porque cuando la serpiente llega al Poder, no lo suelta jamás. Los políticos conservadores sólo se lamentan de la "radicalidad" de la izquierda, sin entrar en cuestiones de fondo. Todas sus advertencias suenan a inmobilismo; se oponen al cambio, porque el cambio les asusta, o porque están a gusto con las cosas tal y como están ahora. Son incapaces de desmontar los argumentos y descubrir las mentiras de la izquierda, porque, a diferencia de la izquierda, carecen de una visión política a largo plazo. En realidad esta falsa derecha no se opone a los planes de la izquierda; como mucho consigue frenarlos, y cuando llega al poder después de un gobierno de izquierda, consolida todos los "progresos" de la Revolución.

El segundo aspecto interesante del pasaje evangélico de san Mateo es que Nuestro Señor identifica a los de la derecha con ovejas y los de la izquierda con cabritos. Las ovejas y las cabras tienen caracteres muy diferentes; los primeros son dóciles a las órdenes del pastor, mientras que los segundos son por naturaleza rebeldes. Pienso que lo que quiere decir Nuestro Señor con esta metáfora es que la actitud esencial para salvarse es la docilidad a la voz de Dios. La voz de Dios para los infieles, para los que nunca han escuchado el Evangelio, es su conciencia. Para los que sí hemos oído el Evangelio, además de nuestra conciencia, está la Palabra de Dios y la enseñanza de Su Iglesia. El que es dócil a esa voz, y procura hacer la voluntad de Dios, se salvará; el que se rebela contra esa voz y se empeña en hacer su propia voluntad, se condenará.

En la iconografía cristiana, si Jesucristo, el Hijo obediente, se ha representado como el Cordero de Dios, el Demonio, el eterno rebelde, se ha representado como una cabra. El satanismo moderno no se avergüenza de esta simbología; la representación de Satanás como el Gran Cabrón aparece constantemente en sus imágenes, en la industria de la música especialmente. Los aficionados del heavy metal, un estilo 100% satánico, popularizaron el gesto de los cuernos con la mano, en referencia al Diablo, que ahora se ha normalizado tanto que cualquier famoso lo hace, sin que nadie se altere. Es un indicio de la creciente influencia del Demonio sobre el mundo moderno, en que la mayoría elige ir por la vía de la izquierda y vivir como cabras, en lugar de la vía derecha y ser ovejas.

Ahora que hemos visto los orígenes de la derecha y la izquierda, hay que responder a la pregunta: ¿en qué consiste ser verdaderamente de derechas? Si logramos entender exactamente lo que es la Revolución, promovida por la izquierda, sabremos lo que tiene que ser la derecha: todo lo opuesto. Una de las mejores obras sobre la Revolución es la de Monseñor Gaume, un obispo francés que escribió sobre la conspiración masónica en relación a la Revolución Francesa. La Revolución la define Monseñor Gaume así:
Yo no soy lo que se cree. Muchos hablan de mí y muy pocos me conocen. No soy ni el carbonarismo, ni la rebelión, ni el cambio de la monarquía en república, ni la sustitución de una dinastía por otra, ni la perturbación momentánea del orden público. No soy ni los gritos de los jacobinos, ni los furores de la Montaña, ni el combate de las barricadas, ni el pillaje, ni el incendio, ni la ley agraria, ni la guillotina. No soy ni Marat, ni Robespierre, ni Babeuf, ni Mazzini, ni Kossuth. Esos hombres son mis hijos, pero no son yo. Lo que hicieron son mis obras, pero no yo. Esos hombres y esas cosas son hechos pasajeros en tanto que yo soy un estado permanente… Soy el odio a todo orden que no haya sido establecido por el hombre y donde el hombre no sea rey y dios a la vez.
La clave es esto: subvertir todo orden que el hombre no haya establecido. Los que reniegan del orden dispuesto por Dios podemos decir en cierto sentido que son apóstatas, porque deliberadamente rechazan los dones que han recibido de su Creador. Lo que Dios ha dispuesto en nuestras vidas incluye:
  • Nuestra raza.  En Occidente hay una guerra contra la raza blanca, y muchos europeos autóctonos han asumido un sentimiento de culpabilidad por el mero hecho de ser blancos. El odio hacía la raza blanca ha llegado a tal extremo que llevar una camiseta que dice "It´s OK to be white" ("está bien ser blanco") es considerado un acto de provocación racista. Ser de derecha necesariamente implica sentirse orgulloso de la raza que tu Creador te ha dado, sea la que sea. Sólo los miserables izquierdistas piden perdón por ser blancos.
  • Nuestro sexo. La ingeniería social contra la noción biológica de los sexos es hoy otro caballo de batalla de la Revolución de la izquierda. La ideología de género pretende convencernos de que ser hombre o mujer es un invento cultural, y que no hay diferencias esenciales entre los sexos. Por tanto, según su delirante teoría, un hombre puede decidir convertirse en mujer, y vice-versa. Este ataque contra la misma biología humana es la última estratagema de Satanás para atacar la Creación de Dios. Los que somos de derechas debemos rechazar con todas nuestras fuerzas esta perversa ideología. Los que somos hombres debemos cultivar la masculinidad, y las mujeres deben ser femeninas. Sin ambigüedad, sin mariconeo.
  • Nuestra familia. La izquierda pretende erosionar los vínculos familiares, en parte porque de esta forma su plan de adoctrinamiento funciona mejor (es más fácil manipular a individuos desconexos que a grupos con fuertes lazos entre sí), en parte porque odia todo lo que viene de Dios. La familia sin duda es sagrada, hasta el punto que el Hijo de Dios quiso encarnarse en una familia. La izquierda odia la institución familiar, especialmente el matrimonio, porque viene de Dios. Mediante la legalización del adulterio, el concubinato y el divorcio, la izquierda debilita el matrimonio, y mediante la propaganda de los medios de comunicación, la promoción de los métodos anticonceptivos y la permisividad frente a la pornografía, trivializa las relaciones sexuales. La derecha debe plantar cara a esta marea de inmundicia, y defender la sacralidad del matrimonio a toda costa.
  • Nuestra patria. La izquierda aboga por un mundo sin fronteras, una utopía multicultural. Este movimiento globalista se fundamenta en el odio hacía la noción misma de patria. Igual que nadie elige su raza, ni su sexo, ni su familia, nadie elige su patria. Es algo que nos viene dado, que Dios ha dispuesto. Con la patria viene una historia y un patrimonio cultural. Los izquierdistas odian las tradiciones, porque ayudan a identificar a las personas con un pueblo concreto. Ellos quisieran que fuéramos intercambiables, sin raíces, como los restaurantes de McDonalds, que son exactamente iguales en cualquier parte del mundo. De esta manera se alcanzaría uno de los grandes objetivos de la masonería desde sus inicios: la abolición de las naciones y la instauración de un gobierno mundial. Naturalmente, la derecha debe oponerse a los globalistas y defender su Patria. Tiene que exigir a su gobierno el control de sus fronteras, sobre todo si está siendo invadida por miles de inmigrantes cada mes, como está ocurriendo actualmente en Europa. La gente de derechas debe celebrar su herencia cultural y rechazar la nefasta influencia del multiculturalismo.
En cuanto a otros aspectos, como el economía o el modelo de estado, la izquierda como siempre prefiere lo que mejor le sirva para hacer avanzar la Revolución. En materia económica esto se resume con una frase: cuantos más impuestos, mejor. La izquierda no cree en el derecho a la propiedad privada, con lo cual se siente justificada cuando confisca más de la mitad de los ingresos anuales de un trabajador. Cuando un gobierno, con la idea de "repartir mejor la riqueza", quita dinero de un grupo de personas para dársela a otro, se llama simplemente ROBO, y es una grave inmoralidad, a la que las personas de derechas debemos oponernos. No estoy animando a que la gente deje de pagar sus impuestos, porque esa vía lleva directamente a la cárcel. El ciudadano contra el Estado siempre tiene todas las de perder. Estoy afirmando que un gobierno no tiene derecho a quitarle el dinero de nadie para dárselo a otro.

"No robes, el gobierno odia tener competencia"
La política económica de la izquierda nos lleva al modelo de estado que suele implantar: una macro burocracia con millones de funcionarios, que maneja un porcentaje elevado del producto interior bruto. Es decir, exactamente lo que existe ahora en España, gobierne la izquierda o la falsa derecha. Tradicionalmente los impuestos han servido para la defensa militar de la nación, para la justicia, que incluye seguridad y orden pública, y para infraestructuras. Todo lo demás sobra. Los programas gubernamentales de servicios sociales, educación, sanidad, cultura y propaganda, requiere ingentes cantidades de dinero, que consiguen esquilmando a las clases medias (ya se sabe, ni los ricos ni los pobres pagan impuestos). En realidad, tanto gasto público tiene como objetivo inflar el tamaño del estado. Todos los izquierdistas quieren gigantescos aparatos estatales, porque así es más fácil controlar a los ciudadanos. Lo mismo ocurre con la prohibición de llevar armas, una causa preferida de la izquierda; quieren que la ciudadanía esté desarmada, porque así está indefensa frente a los abusos de poder del gobierno. Todo se reduce a esto; la izquierda siempre busca controlar a la población, con el fin de implantar el totalitarismo, donde cada aspecto de la vida diaria es regido por el gobierno.

La derecha debe abogar siempre por un estado pequeño, con poderes limitados. Debe potenciar la iniciativa privada, especialmente en pequeñas empresas. Los ciudadanos deben saber que el Estado no está para cuidar a niños o abuelitos, ni para ocuparse de los parados; eso debe ser cosa de las familias y en casos excepcionales tendrán que encargarse obras benéficas. La derecha, a diferencia de la izquierda, tiene que exigir a los ciudadanos responsabilidad individual, basándose en el principio de la subsidiariedad, tal y como enseña Pío XI en su encíclica Quadragesimo anno. La izquierda, con tantos programas de ayuda gratis, deliberadamente crea adictos a la ayuda del Estado (que pagamos todos), con la intención de tener votos cautivos. Comprar votos con el dinero ajeno es una característica constante del sistema democrático, y no hay izquierdista que no sea experto en esta táctica. En contraste, la derecha debe fomentar la autonomía personal y pedir que el Estado sólo se ocupe de lo estrictamente necesario.

Podría acabar antes resumiendo todo en una frase: para ser de derechas hay que ser contrarrevolucionario. Esta palabra, acuñada por el gran intelectual católico, Plinio Correa de Oliveira, va al meollo del asunto. Si la izquierda lucha sin tregua por hacer avanzar la Revolución, es decir, la destrucción del orden social cristiano, nosotros, los de derechas, tenemos que lucha EN CONTRA de dicha Revolución. No hace falta inventar nada nuevo. Es tan fácil como volver la vista atrás a una época en que la sociedad se regía por las leyes emanadas del Evangelio, una sociedad plenamente cristiana. ¿Cuándo ha existido tal cosa? Según el Papa León XIII, la Cristiandad europea de los siglos XIII y XIV fue exactamente esto. 
Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En aquella época la eficacia propia de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en la moral de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad. La religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente en el grado de honor que le corresponde y florecía en todas partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la tutela legítima de los magistrados. (Immortale Dei)
La hoja de ruta a seguir para los contrarrevolucionarios, para todos los que se consideran de derechas, la marcó hace más de un siglo el gran Papa San Pío X: Instaurare omnia in Christo ("Restaurar todo en Cristo").




viernes, 31 de agosto de 2018

La Tradición que nunca se perdió


Este verano, como todos los años, he ido con mi familia a la casa de mi madre en Francia. Allí he tenido la dicha de convivir otra vez con gente de la Fraternidad San Pío X que nos dan una lección a los tradis de España. Se podría decir que allí viven la Tradición con naturalidad, de forma orgánica, porque es algo que nunca se perdió. Continúan con las costumbres y la forma de vida de sus ancestros, como si el Concilio Vaticano II nunca hubiera ocurrido, como si el mundo moderno no se hubiera vuelto loco. Desconozco si en otros lugares del mundo hay comunidades similares. Lo que sé es que no hay nada parecido en España.

En España una de las características de los grupos de la Misa tradicional es una actitud beligerante frente a todos los que piensan de otro modo. Es comprensible que esto sea así, porque cuando la gente vive en minoría, rodeada por la incomprensión y a menudo se convierte en el blanco del escarnio de los demás, es difícil mantener una disposición amable. Es comprensible pero lamentable, porque cuando una persona de buena voluntad se acerca a la Misa tradicional y recibe un rebufo de algún exaltado tradi, es muy posible que nunca vuelva. Si tuviéramos en cuenta que lo importante es salvar almas, no ganar discusiones, seríamos mucho más pacientes y amables. Conozco a católicos que sienten repulsión hacía la Tradición por culpa del recibimiento de algunos tradicionalistas. Deberíamos estar más abiertos a gente nueva, más hospitalarios en nuestros lugares de culto. Por prudencia no deberíamos hablar de temas polémicos a la salida de Misa. ¿Por qué no podemos ser "normales", y hablar de lo que todo el mundo habla: el trabajo, la familia, la salud, el tiempo, etc? Dejemos los debates sobre las conspiraciones judeo-masónicas para reuniones privadas en casa de amigos. No ayuda a salvar almas el típico tradi que se pone a vociferar sobre "el usurpador Francisco" delante de fieles que han asistido por primera vez a una Misa tradicional.


Otra característica desagradable de algunos grupos tradicionales es la falta de sentido de comunidad. Deberíamos cultivar más los lazos de caridad entre nuestros hermanos en la fe, ayudar a los que tienen dificultades, acompañarles cuando se les muere un ser querido, estar pendientes de ellos. Así, tal y como escribe San Juan, viendo el amor que nos tenemos, las almas que buscan la Verdad se quedarían entre nosotros y la Tradición tendría cada día más seguidores. Incluso recuerdo a una familia que me dijo que iban a la Misa tradicional A PESAR de los fieles tradicionalistas, que en cuatro años nunca se dignaron a aceptarles en su círculo, ni invitarles a sus eventos. Eso no es caritativo; eso no es católico.

Naturalmente los grupos tradicionalistas en España tienen cosas buenas, no todo es negativo. Lo que escribo va dirigido a mí mismo también; todos tenemos que esforzarnos por ser mejores. Pero las veces que he hablado de este tema con los españoles, lo suelen achacar a diferencias culturales y temperamentales entre los países. "Los españoles somos así", dicen. No lo creo. La razón por la que en España la Tradición se vive con poca naturalidad, por la que las capillas tradicionalistas a menudo parecen cuevas de friquis, es porque hubo una interrupción. Algo murió. Es como si un hermoso bosque de robles centenarios se taló de un día para otro, y ahora en ese páramo sólo hay tocones y unos pocos retoños. Precisamente son estos retoños que nos permiten albergar la esperanza de que un día volveremos a ver un bosque, pero nos toca sufrir durante muchos años las consecuencias de tan catastrófica tala.

En Francia nunca se perdió la Tradición. Miles de familias, siguiendo a Monseñor Lefebvre, se aliaron durante y después del Concilio para preservar la liturgia y la doctrina católicas. Al separarse de la iglesia modernista, también lograron preservar un modo de vida que en otros lugares ha muerto. Allí he visto como familias enteras, abuelos, hijos y nietos, viven con perfecta naturalidad la Tradición Católica, porque NO HAN CONOCIDO OTRA COSA. Para ellos es tan natural como respirar. Parecen hobbits que continúan viviendo en sus aldeas idílicas, como si Sauron no existiera, protegidos de los orcos del Vaticano que destruyen todo lo que tocan.

Para que el lector entienda de lo que hablo, pintaré un par de escenas. Una familia de la Fraternidad que vive en el mismo pueblo que mi madre nos invita a merendar en su casa. Su jardín nos indica que se alimentan en gran parte de lo que cultivan; tienen árboles frutales y un huerto amplio y se oyen gallinas. Nos recibe el padre que está fuera cortando leña para el invierno. Al entrar en su casa vemos que no hay lugar para lujos ni ostentación. Es un hogar muy humilde, decorado con cuadros y estatuas religiosas. La gran mesa del salón está cubierta de libros abiertos; la madre nos explica que estaba preparando las clases del curso siguiente. Todos los niños son educados en casa, porque el colegio de la Fraternidad está lejos y no tienen dinero para pagar gastos de transporte y alojamiento. Nos ofrecen una deliciosa tarta hecha con las frambuesas de su huerto y nos regalan un tarro de miel hecha con sus abejas. La madre nos dicen que el domingo no nos verán en Misa porque se van de vacaciones a visitar a sus dos hijas. Preguntamos donde viven y la respuesta nos sorprende gratamente: son monjas que viven en una casa de retiros espirituales. Las niñas van vestidas de una forma muy simple pero modesta. Una de ellas está estudiando costura y hace su propia ropa y la de sus hermanas y sobrinas pequeñas.

La segunda escena es del día de la Asunción. Tras la Misa los fieles nos trasladamos a una capilla perdida en el campo, propiedad de la Fraternidad. Allí, en los jardines aledaños, se ponen mesas para un picnic, pero antes de sentarse a comer se ofrece a los adultos un aperitivo, el Pineau, una bebida derivada de la uva del Cognac. Tras el picnic todos entramos a la capilla para cantar vísperas y luego tiene lugar una procesión solemne por los campos de trigo en honor de la Virgen. Al volver a la capilla, para finalizar los actos, el sacerdote hace la bendición con el Santísimo. Todos, niños, padres y ancianos, cantan, procesan, se arrodillan y a pesar del calor sofocante no se oye una sola queja. Al ser un país laico tienen que hacer la procesión en medio de ninguna parte, porque saben que las autoridades nunca les darían permiso. Sin embargo, la enemistad del estado ha podido incluso beneficiar a la Tradición, si comparamos su situación con la de España. Aquí todos los políticos salen en procesión en Semana Santa y ninguno quiere perderse las fiestas patronales en honor del santo de turno. La experiencia nos ha enseñado que tener un estado que finge neutralidad, que "colabora" con la Iglesia, cuando legisla en contra de Dios con cada oportunidad, adormece a muchos católicos.

El peligro de los tradicionalistas franceses es la complacencia. Los hobbits que viven a gusto en su aldea pueden pensar que su bosque está eternamente a salvo de los orcos. De hecho, algunos me hablaron de una cierta relajación entre las familias tradicionalistas en Francia. Al menos en España, al ser tan pocos, es muy difícil relajarse. ¡Desesperarse sí, pero relajarse no! Personalmente, lo más valioso de mis vivencias en Francia es ver como se debería vivir la Tradición. Nosotros estamos intentando resucitar una lengua muerta para utilizarla en nuestro día a día. Es una tarea ardua y estamos aún aprendiendo a dominarla, como el que se apunta a una academia de idiomas con 30 años. Los tradicionalistas franceses nunca dejaron de hablar la lengua de la Tradición, y la hablan como un niño habla su lengua materna.

miércoles, 20 de junio de 2018

Un reto para los evolucionistas

La teoría de la evolución, popularizada por Charles Darwin [1], es sin duda una de las grandes mentiras de nuestro tiempo. Es una mentira que se enseña desde la más tierna edad en los colegios; se adoctrina a la población en el evolucionismo en todos los ámbitos educativos y culturales; y ha llegado a ser una parte fundamental de la cosmovisión de la inmensa mayoría de la gente en el mundo desarrollado. El avance de esta mentira en el último siglo ha sido realmente espectacular, tanto como el catastrófico declive del cristianismo en Occidente, al que el primer fenómeno va unido. Hoy en día podemos decir, sin temor a equivocarnos, que posicionarse en contra del evolucionismo significa estar en una minoría muy pequeña. Los números importan, porque en este caso los números representan almas. ¡Cuántas almas se condenarán por creer en las mentiras del Demonio! Ojalá nadie creyera en las mentiras del evolucionismo, pero también debemos recordar que, aunque el 100% de las personas crean en una mentira, sigue siendo mentira.

Podemos demostrar que la teoría de la evolución es mentira, y esto es precisamente lo que pienso hacer con este artículo, igual que he hecho ya con otros artículos sobre el mismo tema. [2] Sin embargo, antes de proseguir, una advertencia: el poder de esta mentira no estriba principalmente en sus argumentos racionales, que no llegan a ser más que sofismos y conjeturas fantasiosas, sino en la fuerza de seducción que ejerce, especialmente sobre personas sensuales, alejadas de Dios. Nuestro Señor avisó que en los últimos tiempos, en los que estoy convencido que vivimos, llegarían falsos profetas. Animó a Sus discípulos a "estar atentos", a no dejarse engañar. (Marcos 13:5) La fuerza de seducción de la teoría de la evolución es muy grande para una persona que quiere prescindir de Dios, porque le permite justificar su rechazo de cualquier moral impuesta y vivir de forma autónoma. Es realmente la antesala del ateísmo, porque ataca la Palabra de Dios. Si crees las mentiras de Darwin, tienes que tirar las Sagradas Escrituras al cubo de la basura, porque ambas cosas son claramente incompatibles. Así razona el evolucionista: si el primer libro de la Biblia no es más que una bonita fábula, lo mismo serán todos los demás libros. Además, si resulta que lo que nosotros llamamos moralidad es una mera estrategia de supervivencia que ha evolucionado a lo largo de millones de años, quebrantar las leyes de conducta que impone cualquier sociedad no tiene nada de malo en un sentido objetivo. Toda moral se vuelve completamente subjetiva, y cada uno decide por sí mismo qué reglas seguir.

Conviene recordar que, a diferencia de los seguidores de cualquier falsa religión, que por ignorancia o falta de curiosidad no han conocido la verdad, no hay ateos de buena voluntad. San Pablo nos recuerda en su carta a los romanos que los ateos que niegan las pruebas de la existencia de Dios en Su creación "no tienen excusa". (Romanos 1:18). Esto hay que tenerlo en cuenta cuando hablamos con evolucionistas, especialmente si su fe en el evolucionismo apoya el ateísmo. El presente artículo va dirigido más bien a personas de buena voluntad, cristianos que no han recibido la fe tradicional de la Iglesia, sino una versión modificada, "adaptada" a la modernidad, para encajar con la teoría de la evolución. Es posible que un católico de hoy nunca le ha dado importancia a este asunto; o bien porque nunca le han hablado de la incompatibilidad entre el evolucionismo y la fe verdadera; o bien porque no se ha tomado la molestia de reflexionar sobre las consecuencias lógicas de lo que nos dice el Sistema sobre la evolución. Para todos los católicos dudosos, que aún creen en una evolución teísta, que piensan que Dios hizo lo contrario de lo que nos reveló y que todos los cristianos hemos estado engañados durante más de 19 siglos, propongo un reto.


El reto es en principio un experimento mental, pero si algún ingeniero quiere llevarlo a la práctica bienvenido sea. Consiste en transformar un coche en un avión. La idea es que si una máquina biológica, en este caso, un reptil, tipo dinosaurio pequeño, pudo transformarse en un pájaro, como afirman los evolucionistas, no debería ser imposible hacer algo parecido con una máquina hecha por el hombre. Hay varias condiciones que habría que respetar para lograr el reto.
  1. Habría que hacer muchas pequeñas modificaciones al diseño del coche, y cada una de ellas le acercaría más a su transformación en un avión. Por poner un número concreto, serían 1000 pequeñas modificaciones.
  2. Cada modificación tendría que ser tan pequeña que apenas sería visible a simple vista. Serían de este tipo: las ruedas delanteras tienen 1 centímetro menos de diámetro, o se añade un tornillo aquí o se quita de allí.
  3. Ninguna modificación tendría que perjudicar en nada el funcionamiento del coche. Después de cada paso el coche funcionaría igual o mejor que antes.
  4. Del paso 999 al paso 1000 el coche, ahora convertido en avión, despegaría y volaría. Si el avión no volara perfectamente no se lograría el reto. De nada sirve un avión que se estrella nada más despegar, o que es torpe en el aire. Tendría que volar con tanta facilidad como cualquier otro avión ahora en el mercado.
Es evidente que este reto no se puede lograr, por la misma razón que un reptil no puede transformarse en un pájaro. Las condiciones que he estipulado en el reto no son arbitrarias; se ajustan al proceso evolutivo descrito por Darwin en su libro El Origen de las Especies. En el capítulo sobre las transiciones entre especies, Darwin escribe:
Si se pudiera demostrar que existió un órgano complejo que no pudo haber sido formado por modificaciones pequeñas, numerosas y sucesivas, mi teoría se destruiría por completo.
Archaeopteryx, el supuesto eslabón entre reptiles y pájaros

Darwin describió pequeñas variaciones entre individuos de cada especie, y se dedicó a describir una supuesta descendencia común de todos los seres vivos, gracias a la acumulación de dichas variaciones. Con los conocimientos modernos en el campo de la biología molecular, especialmente en relación a la genética, se propuso que las mutaciones (errores en la transmisión del ADN entre generaciones) podrían ser el "motor" de los cambios necesarios para la evolución, desde los organismos unicelulares hasta el homo sapiens. Así nació el neo-darwinismo, la fusión de las ideas originales de Darwin con la biología molecular.

De momento vamos a olvidar que las mutaciones no pueden ser la causa de la macro-evolución (el cambio de una especie a otra), porque, lejos de crear información necesaria para nuevos órganos y funciones biológicas, sólo DESTRUYEN información. Tras décadas de experimentación, los científicos no han podido verificar un solo ejemplo de una mutación que haya creado información genética nueva, algo que habría ocurrido incontables veces, de ser cierta la teoría de la descendencia común de las especies.

De momento también vamos a olvidar que los millones y millones de años de los que hablan los evolucionistas son pura fantasía. En otros artículos me he dedicado a defender una Tierra joven, con no más de 10.000 años. Sin sus millones de años de una Tierra vieja, la teoría de la evolución es evidentemente imposible. Como el truco de un prestidigitador, al invocar millones de años, los darwinistas corren una cortina de humo delante de nuestros ojos. El tiempo en sí no puede ser una fuerza creadora, pero quieren que creamos en sus cuentos si todo ocurrió "hace mucho, mucho tiempo". La teoría de la evolución no es en sentido estricto un teoría científica, porque para serlo tendría que ser falsificable y observable. No es falsificable porque dicen que es algo irrepetible que ocurrió en el pasado, y no hay un solo experimento que se puede hacer para demostrar que pasó así. Tampoco es observable porque nos afirman que sólo pudo ocurrir a lo largo de espacios de tiempo larguísimos, y nadie puede hacer un experimento que dure millones de años. Es más bien una fábula que apoya una creencia religiosa materialista.


Si el relato evolucionista que hace Darwin, del cambio gradual de las especies mediante pequeñas variaciones aleatorias, fuera mínimamente plausible, habría que encontrar infinidad de formas transicionales; es decir, seres vivos que aún están en proceso de transformarse en otra especie, como el reptil a medio camino de convertirse en pájaro. El problema para la teoría, que ya es un secreto a voces en círculos académicos, es que dichas formas transicionales NO EXISTEN. Esto ya lo sabía Darwin en la segunda mitad del siglo XIX, y reconoció el problema, pero confiaba en que se encontrarían según avanzara la disciplina de la paleontología. No sólo no han aparecido, sino ya sabemos que nunca aparecerán. Ni siquiera haría falta cavar en la tierra buscando restos de animales de otros tiempos; bastaría con observar los que viven actualmente. Si hoy en día se observa que TODOS los animales están perfectamente adaptados a su medio y cumplen al 100% las funciones biológicas necesarias para su supervivencia, podemos afirmar que la teoría de la evolución es una gran mentira. Si todas las especies estuvieran en un estado permanente de cambio, tendríamos que observar cosas similares al hipotético dinosaurio que se transforma en pájaro; un bicho extraño, que ni corre ni vuela.

La razón por la que no observamos estos animales hoy en día es porque no sobrevivirían en la naturaleza. Según Darwin, un animal que no está perfectamente adaptado a su medio natural tiene menos posibilidades de sobrevivir y de pasar sus genes a la siguiente generación. Es por la supervivencia del más apto, un concepto clave en el darwinismo, que el evolucionismo se puede refutar. En otras palabras, la teoría de la evolución se refuta a sí misma.

Volviendo al reto, a cada paso de la transformación del coche en avión, el ingeniero se enfrenta a un dilema: o empeora el diseño del coche para que se acerque más a un avión, o mejora el diseño del coche, en cuyo caso se alejará más de ser un avión. Es imposible transformar el coche en avión mediante muchos pequeños pasos, sin perjudicar el funcionamiento original de la máquina.  Cualquier ingeniero que sepa de lo que habla te dirá que un buen motor de un coche sería un mal motor para un avión. Hay varias razones; una es que el motor de un coche no está diseñado para funcionar a revoluciones muy elevadas durante mucho tiempo, sino para acelerar y mantenerse a unas revoluciones más bajas. Sin embargo, un avión está diseñado para funcionar a un 100% de su capacidad de revoluciones al despegar hasta llegar a su altitud de crucero y luego al 75% durante todo el tiempo restante de vuelo; si intentas esto con un motor de un coche lo quemas. Además, el motor de un avión tiene que soportar cambios fortísimos en la presión y la temperatura atmosféricas, mientras que el de un coche no. Es esto por sólo hablar del motor.

Es exactamente así para el reptil que supuestamente se convirtió en un pájaro. Si sus patas delanteras tuvieron que transformarse en alas, llegaría un punto en que le estorbarían para correr pero todavía no valdrían para volar. En este caso sería incapaz de escapar de los depredadores y de cazar su comida. Tendría cero posibilidades de transmitir sus genes y se extinguiría. Aparte de la transformación de las patas delanteras en alas, hay otros procesos transformativos, que igual se nos escapan a simple vista, que tendrían que ocurrir para pasar de un reptil a un pájaro. Entre ellos:
  1. El metabolismo de los reptiles, animales de sangre fría, es muy lento, mientras que el de los pájaros, de sangre caliente, es altísimo.
  2. Los huesos de los reptiles son densos y pesados, mientras que los huesos de los pájaros, para favorecer el vuelo, son huecos y ligeros.
  3. Los pájaros tienen un sistema de respiración único en el reino animal, que consiste en un flujo unidireccional del aire. Todos los demás animales, incluidos los reptiles, respiran inhalando oxígeno y exhalando dióxido de carbono y en los pulmones el aire circula en dos direcciones: hacía dentro y hacía fuera. El diseño de los pulmones aviares es único y especialmente apto para volar, ya que obtienen un flujo constante de aire fresco. Es totalmente imposible que este diseño fuera el producto de la evolución, porque nunca podría existir un animal con unos pulmones a medias entre la respiración unidireccional y bidireccional.
  4. Las plumas de los pájaros tienen un diseño complejísimo, especialmente pensado para el vuelo, y siempre han supuesto un auténtico misterio para los evolucionistas. Ellos afirman que las plumas se desarrollaron a partir de las escamas de los reptiles, que no son más que pliegues en la piel; es como decir que la catedral de Chartres se desarrolló a partir de una roca. No hay evidencia en el registro fósil de ninguna cosa intermedia entre las escamas y las plumas.

La única manera de superar estos problemas es rompiendo una de las reglas fundamentales del reto y de Darwin mismo: un salto brusco de un diseño a otro. Igual que un ingeniero competente sería capaz de reciclar las piezas de un coche para fabricar un avión, añadiendo otras piezas y cambiando drásticamente el diseño de la máquina, algunos evolucionistas, ante la falta absoluta de formas transicionales, han propuesto la idea del monstruo prometedor, un ser vivo que por un milagro del azar da un salto evolutivo, en lugar de pasar por el proceso gradual de pequeños cambios que describió Darwin. El primero en proponer esta teoría fue el geneticista Richard Goldschmidt en 1940. En su momento la idea fue universalmente ridiculizada por el mundo académico, no sólo porque contradice frontalmente la ortodoxia darwinista, sino porque en el fondo es recurrir a la magia para defender una teoría científica. A pesar de ser una idea tan risible, un intento desesperado por apuntalar una teoría que hace aguas, en 1977 Stephen Jay Gould, el evolucionista de mayor prestigio de los últimos tiempos, volvió a proponer la teoría del monstruo prometedor como la mejor explicación a la descendencia común de las especies.

El biólogo ateo Richard Dawkins, el profeta más beligerante de la religión evolucionista de nuestro tiempo, dijo que los organismos biológicos tiene la apariencia de haber sido diseñados. Por supuesto, como buen ateo, él cree que no fueron diseñados, que sólo lo parecen. Dawkins, con su fe ciega en el azar, cree que todos los seres vivos somos frutos de errores aleatorios que han ocurrido a lo largo de miles de millones de años. Siguendo el principio de la navaja de Occam, que dice que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable, si los seres vivos tiene apariencia de haber sido diseñados, es lógico pensar que lo fueron. ¿Quién los diseñó? Dios. La respuesta la saben muy bien los ateos, y es precisamente por esta razón que se agarran a su absurda teoría de la evolución, a pesar de sus múltiples contradicciones. Espero que con este artículo haya abierto los ojos a algunos católicos que daban por hecho que la teoría de la evolución era una evidencia científica. Nada más lejos de la realidad. Es una gran mentira, una creencia supersticiosa, fabricada a conciencia y promovida hoy con el fin de destruir la fe en el Creador.

NOTAS

[1] La teoría de la evolución ha existido desde que el mundo es mundo. Los antiguos filósofos griegos, como Anaximandro (siglo VI A. de C) y Empídocles (siglo V A. de C.), creían en el cambio continuo de todas las cosas y la descendencia del hombre de otros animales.

[2] Una de las mejores refutaciones que he leído en español es el trabajo del argentino Juan Carlos Monedero, El Escarabajo Bombardero. Su trabajo en gran parte me ha inspirado a mí a escribir este.

lunes, 4 de junio de 2018

El Corpus, un día que da esperanza


El domingo 3 de junio de 2018, siguiendo el calendario litúrgico nuevo, se celebró el día del Corpus Christi. Ya sé que sería mejor si se celebrara como antaño, el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, cumpliendo el dicho popular: «tres jueves tiene el año que relucen más que el sol; jueves santo, Corpus Christi, y el día de la Ascensión.» Pero hoy no quería quejarme. Hoy pienso hacer caso a mi mujer; dice que soy demasiado negativo. Hoy voy a escribir de algo bello: de la esperanza. Hay motivos para la esperanza, después de lo que viví el día del Corpus.

El día empezó como todos los domingos. Al abrir los ojos me invadió el gozoso pensamiento de que era el Día del Señor y después de mis oraciones en privado, desperté a los niños para que se preparasen para ir a la Santa Misa. Mi esposa eligió cuidadosamente la ropa que tenían que llevar las niñas (el niño ya es mayor y no hace falta que le digamos nada). Iban preciosas, con sus coletas perfectamente peinadas, sus vestidos de gala y los zapatos relucientes. Me preguntó una de ellas: «Papá, ¿es realmente tan importante el Corpus, que tengamos que ir así de elegantes?» Le contesté que sí, porque era el único día en que Nuestro Señor se paseaba por las calles de la ciudad, ya que en Semana Santa sacan imágenes de Él, pero el día del Corpus es Él Mismo.

Al llegar a Murcia se oía en todas partes las campanas repicar. En la plaza del Cardenal Belluga el sonido era atronador. Las campanas anunciaban que era un día especial, que algo extraordinario iba a ocurrir. El aire estremecía de gozo; hasta me parecia que los edificios estaban contentos por el sonido que rebotaba en sus fachadas. En la catedral el ambiente era de gran expectación, no cabía un alfiler.

De pronto arranca el gran órgano Merklin Schütze y el obispo sale en procesión, seguido de un larguísimo séquito de sacerdotes y seminaristas. Mis lectores saben que no comulgo con la Misa modernista, que voy por acompañar a otros. Sin embargo, a pesar de sus defectos inherentes, la liturgia se celebró con toda la reverencia posible. Entre la música del órgano y el coro, el incienso, la magnífica catedral de Murcia y la actitud piadosa de los fieles que asistían, reconozco que la Misa me emocionó.



Al finalizar la Misa la gente se sale a la plaza, esperando la procesión. Primero salen los niños que han hecho su primera comunión este año; están preciosos y representan la viva imagen de la bondad y la inocencia. Luego, varios grupos tras sus estandartes; la hospitalidad de Lourdes, la adoración perpetua, las cofradías de Semana Santa, etc. Es el momento para los saludos, para las charlas con los amigos. Amigos que me dicen cosas por el estilo: «¡A ver cuando vienes a mi casa y tomamos ese arroz del que siempre estamos hablando!» o «Me alegro de verte, ¡cuánto tiempo!». El sol empieza a picar, la chaqueta del traje sobra, y nos acordamos de otros días del Corpus cuando ha hecho un calor asfixiante, pero nadie se quita la chaqueta, porque todos sabemos porqué nos hemos vestido así y lo que viene ahora.


La custodia monumental de plata del siglo XVII aparece por la puerta grande de la catedral, empujada por varios sacerdotes. La gente prorrumpe espontáneamente en aplausos, a la vez que los que están más cerca de Nuestro Señor se arrodillan para adorar al Rey de Reyes que sale a la ciudad. Con cuánto amor y piedad la gente se arrodilla delante la Hostia, mientras entona Cantemos al amor de los amores. 

Puede que la Iglesia esté en crisis; puede que el mundo se vaya al garete; pero aun tenemos razones para la esperanza. Porque aún hay fe en este mundo, aún hay unos cuantos que amamos a Dios.