Cristo de la Luz

Cristo de la Luz

lunes, 16 de mayo de 2016

La Iglesia Prescindible

Hasta el Concilio Vaticano II (es decir, hasta hace unos 50 años), la Iglesia Católica se definía como el Arca de Salvación, en alusión al arca de Noé y el diluvio universal. De la misma manera que sólo las ocho personas a bordo del arca sobrevivieron el Castigo Divino en tiempos de Noé, en el Día del Juicio solamente los que se encuentran dentro de la verdadera Iglesia fundada por Jesucristo (la Iglesia Católica, por supuesto), se librarán de la ira de Dios. San Cipriano, haciendo eco de las palabras de San Pedro en su primera carta, habla del Diluvio como el "bautismo del mundo", para lavarlo de su pecado y empezar de nuevo. San Agustín, en La Ciudad de Dios, hace una observación interesantísima: las medidas del arca que Dios da a Noé corresponden a las de un cuerpo humano, cuya longitud suele ser seis veces su anchura. Dice este santo que de esta manera el arca es una figura aún más perfecta del Cuerpo de Cristo, la Iglesia Católica, fuera de la cual nadie se puede salvar.

Desde que la Iglesia se ha "modernizado", abriéndose al mundo, los católicos no suelen hablar así. Es demasiado excluyente y discriminatorio. Ahora se busca acoger a todos, tengan fe o no, en una especie de hermandad universal basada en poco más que el "buen rollo". Tampoco ayuda el hecho de que ya prácticamente nadie cree en el relato del diluvio. Los católicos modernos han aprendido a leer las Escrituras de forma exclusivamente alegórica, dando la espalda a 1900 años de tradición exegética, al Magisterio de todos los Padres de la Iglesia y a lo que los católicos siempre han creído. Si la historia de Noé es puramente alegórica y carece de base histórica, ¿qué sentido tiene comparar el arca a la Iglesia Católica? ¿Será sólo una bonita alegoría la Iglesia?

Creo que lo que repela tanto a los modernistas del relato diluviano no es tanto la oposición de la pseudociencia materialista, que afirma que nunca ocurrió tal evento, sino la idea de la ira divina. Un modernista no soporta pensar en que Dios sea capaz de castigar a la humanidad por su pecado. La falsa misericordia, que tanto promociona el Papa Francisco, exige que Dios lo perdone todo, con o sin arrepentimiento por parte del pecador; que sea, en definitiva, una especie de Dios abuelito que lo consiente todo. El temor de Dios, uno de los siete dones del Espíritu Santo, ha desaparecido de la espiritualidad católica en círculos modernistas. Por esta razón, no se cree en la veracidad del diluvio, como tampoco se cree en la destrucción de Sodoma, ahora que el pecado al que dio nombre esa ciudad maldita es de lo más fashion en el Vaticano.

La destrucción de Sodoma
Nadie lo diría a tenor de como hablan y actúan los Papas y obispos modernos, pero es dogma de fe que fuera de la Iglesia no hay salvación, o como decían los antiguos: Extra ecclesiam nulla salus. El Credo Atanasiano reza:
Para salvarse es necesaria la fe católica.
El IV Concilio de Letrán declaró en 1215:
Hay solo una Iglesia Universal de los fieles, fuera de la cual nadie esta a salvo.
El Papa Pío IX declaró:
Es menester recordar y reprender nuevamente el gravísimo error en que míseramente se hallan algunos católicos, al opinar que hombres que viven en el error y ajenos a la verdadera fe y a la unidad católica pueden llegar a la eterna salvación.
El Papa Pío XI escribió en la encíclica Mortalium Animos de 1928:
Por si sola la Iglesia Católica mantiene la adoración verdadera. Esta es la fuente de verdad, esta es la casa de la fe, esta es el templo de Dios; Si cualquier hombre entra no aquí, o si cualquier hombre se aleja de ella, el será un extraño a la vida de fe y salvación.
Juan Pablo II, el gran promotor del indiferentismo religioso en nuestro tiempo
El indiferentismo religioso, la idea de que todas las religiones valen lo mismo, es una herejía condenada oficialmente varias veces por la Iglesia. Además, es un error que trae consecuencias funestas, porque lejos de promover la paz en el mundo, como piensan los Papas postconciliares, provoca la ira de Dios. Así de claro lo dijo Gregorio XVI en 1832:
Poner la religión de origen divino en el mismo nivel con las religiones inventadas por los hombres es la blasfemia que atrae los castigos de Dios en la sociedad mucho más que los pecados de las personas y las familias.
El problema de los modernistas, al que no hay solución, es que una vez que han "desmitificado" las Escrituras, relativizado los imperativos morales, y reducido la Iglesia Católica a una opción más, la religión católica se hace totalmente prescindible. ¿Para qué van a querer convertirse a la fe católica los paganos de África y Asia, por hablar de los continentes menos evangelizados, si no se percibe ninguna necesidad apremiante? Abandonar la religión de tus padres para recibir el bautismo es siempre un paso difícil. En muchos casos es muy traumático para el neófito, porque suscita un gran rechazo entre sus familiares. Y si hablamos de un musulmán que se pasa al catolicismo, requiere auténtico heroísmo para asumir la sentencia de muerte que cae sobre el converso, tal y como estipula la "Religión de la Paz" (Obama dixit).

Nadie en su sano juicio estaría dispuesto a dar el paso de convertirse al catolicismo sin ver una razón de muchísimo peso. No es suficiente decir que la religión católica es la única verdadera, aunque por supuesto hay que decirlo, porque a muchas personas esto les puede dar bastante igual. Lo que no quiere nadie es causar dolor a sus familiares y meterse en complicaciones innecesarias. Un hindú podría decirle a un misionero: "vale, el catolicismo será verdad, pero déjame tranquilo con mis ídolos, que estoy muy a gusto así." ¿Qué contestarle? Siguiendo la línea pastoral de la jerarquía católica actual, no habría nada que decir; si el hombre está contento en su idolatría, hay que respetar su libertad religiosa, porque según la neo-iglesia todos tienen derecho a profesar la religión que quieran. La actitud conciliadora de la Iglesia modernista rehúsa decir a los infieles lo único que realmente tienen que oír: para salvar su alma deben formar parte de la Iglesia Católica. Este era el mensaje que predicaban los grandes misioneros del pasado, empezando por San Pablo, porque es el mensaje del Mismísimo Jesucristo, quien dijo:
Id por todo el mundo y predicad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. (Marcos 16: 15-16)
Cuando los misioneros de verdad, como San Francisco Javier, anunciaban el Evangelio a los infieles, les animaban a bautizarse, porque su salvación dependía de ello. Yo me imagino que los paganos de Asia que oían al santo navarro no se quedaban impasibles. Pasaría una de dos cosas: o caerían de rodillas, implorando el bautismo para el perdón de sus pecados, o, entre los que se resistían a la gracia, la predicación suscitaría en ellos un rechazo tan grande que desearían ver muerto al misionero. Ante la verdad en estado puro no hay neutralidad posible. Lo mismo pasaba con Nuestro Señor; algunos se convertían y cambiaban radicalmente de vida, mientras que otros rechazaban sus palabras y tramaban su muerte.

Ahora, se habla de lo bueno que es Dios, de cuánto quiere a todo el mundo, bla, bla, bla, y el efecto principal en la mayoría de los oyentes es el aburrimiento. Nadie puede molestarse por las banalidades que se dicen en la mayoría de sermones modernistas, descartando que se pronuncia alguna herejía. El discurso acaramelado induce al sueño, y pocos son los que mantienen la atención más de diez minutos, ya que una vez que se ha dicho que Dios es muy bueno y que perdona a todos 17 veces, el tedio empieza a ser insoportable. Se regala los oídos de los asistentes, y se procura que nadie se pueda sentir ofendido. Se evita hablar de temas polémicos o desagradables; nada sobre los pecados personales (de "pecados sociales" todo lo que quieras, porque de ellos nadie tiene la responsabilidad), y nada del Juicio o el Infierno. El sabor dulzón que deja produce una falsa seguridad en sí mismo; justo lo contrario de lo que haría falta para remover conciencias.

Como decía, el problema de los modernistas es que este tipo de discurso soporífero pero agradable al oído es totalmente contraproducente para la misión de la Iglesia. Jesucristo no fundó Su Iglesia para dar de comer a los pobres, para enseñar a leer y escribir a los niños, ni para cuidar de los enfermos, aunque todas estas cosas son muy buenas y loables. Mucho menos la fundó para dialogar con religiones falsas. Vendría muy bien que los obispos tuvieran en cuenta esta verdad: la misión primordial de la Iglesia es la salvación de las almas. Las almas no se salvan con caricias y autocomplacencia, sino con llamadas a la conversión. El modelo para todos los misioneros tiene que ser Nuestro Señor, quien predicaba así: "arrepentíos y creed la Buena Nueva".

Para que una predicación sirva para salvar almas tiene que afrontar la realidad del pecado. Hablar todo el rato de lo buenos que somos es una pérdida de tiempo. Es como si un médico se niega a hablar de las enfermedades, porque "hay que tener una actitud positiva". Ahora por lo general no se habla del pecado, o se pasa muy por encima del tema, para no espantar a nadie. Como consecuencia, los que oyen a los modernistas nunca llegan a convencerse de que tienen un problema. Y si no les preocupa su pecado, si no sienten hambre de Dios ¿para qué iban a necesitar a la Iglesia? Los modernistas han logrado hacerse totalmente prescindibles.

Pensemos en una empresa multinacional. Para poder vender sus productos tiene que existir por parte de los consumidores una necesidad, real o imaginaria. Si nadie demanda lo que vende, lógicamente la empresa irá pronto a la quiebra. Me resulta llamativa la forma en que ahora nos creemos tan necesitados de aparatitos como los iPad o moviles de última generación; a través de la publicidad nos han inducido a pensar que nuestra vida estaría vacía sin ellos. Es mentira; se puede vivir perfectamente sin esos trastos, pero hay que admirar la astucia comercial de las multinacionales que crean una necesidad artificialmente, para poder enriquecerse a nuestra costa. Desde el Concilio la Iglesia Católica no ha tenido una estrategia de marketing tan inteligente. En lugar de anunciar al mundo entero la necesidad (en este caso, una necesidad REAL) de convertirse a Jesucristo y recibir los sacramentos que sólo Ella puede impartir, ha decidido convencer al mundo de que cualquier religión es igualmente válida que la católica, porque todas conducen a la paz.

¡Menuda campaña promocional! Es como si una empresa que cría cerdos hiciera una campaña a favor del vegetarianismo. La jerarquía actual pretende que alguien "compre" su producto, a la vez que anuncian que no sirve para nada, porque el de sus competidores es igualmente válido. Además, la religión católica, al ser la única de origen divina, es mucho más exigente que todas las demás. Es decir, la religión católica es más "cara" que las demás. Si no se ofrece ninguna razón por la que merece la pena convertirse al catolicismo, es bastante previsible que la gente se quedará con la religión que más le conviene. Y esto es exactamente lo que ha pasado. Si aún ocurren conversiones a la fe católica, a pesar de las herejías que promueven los obispos modernistas, con Francisco a la cabeza, es una prueba de que Dios todavía no se ha cansado de hacer milagros.

sábado, 14 de mayo de 2016

¡A la cárcel voy!

El próximo martes 17 de mayo de 2016 José Luis Mendoza, presidente de la UCAM (Universidad Católica de Murcia), se tiene que presentar en los juzgados debido a una posible querella por parte del colectivo homosexualista "No Te Prives". El motivo es el discurso del Sr. Mendoza en el acto de apertura del curso 2015/2016, en el cual dijo:
El homosexual igualitario es una abominación ante los ojos de Dios.

Jesús Costa Gómez, el portavoz del colectivo en cuestión afirmó lo siguiente:
Lamentamos que las creencias religiosas que respetamos desde este colectivo, puedan llevar a querer ser una doctrina de obligado cumplimiento por el resto de ciudadanos que solo se deben someter al cumplimiento de las leyes civiles como es el caso. Entendemos que las creencia religiosas no deben justificar actos de clara discriminación y atentado contra los derechos de las personas y si es así estamos dispuestos a exigir que tengan repercusión legal.
Habría que aclararle al Sr. Costa que no son las "creencias religiosas" las que obligan a nadie, sino los Mandamientos de la Ley de Dios, además de la ley natural. Uno puede o no creer en Dios, pero la falta de fe no exime del cumplimiento de la ley moral. Es más, el ateísmo es en sí un pecado gravísimo. No veo absolutamente ninguna discriminación en las palabras del Sr. Mendoza. Simplemente dice lo que está más claro que el agua, lo que todo el mundo puede leer en las Sagradas Escrituras o en cualquier catecismo de la Iglesia Católica.

Si decir lo que dijo el Sr. Mendoza merece una querella, lo que realmente significa es que ahora la religión católica está fuera de la ley. Habrá muchos que se hacen llamar "católicos", que nunca tendrán problemas. Sin embargo, aquellos que se atreven a desafiar al Imperio, que se niegan a ofrecer incienso en sacrificio a los dioses de turno, serán juzgados y condenados.

Se me ha ocurrido que si te ponen una querella en los juzgados por expresar la fe católica, quiero que me pongan una a mí también. Animo al grupo "No Te Prives" a querellarse conmigo por "homofobia" e "incitación al odio", igual que contra el Sr. Mendoza. Incluso podrían usar la misma denuncia, cambiando los nombres, con lo cual les costaría muy poco trabajo. Yo no soy nadie importante, sólo un simple profesor de conservatorio. Pero les recuerdo que el totalitarismo (sea rojo, rosa o de otro color) requiere que cualquier atisbo de rebeldía sea reprimido al instante, venga de donde venga. Si toleran atentados contra el Pensamiento Único, si permiten que la gente desafíe públicamente al Sistema con opiniones ilegales, su ídolo se desmoronará rápidamente.

Para darles un buen motivo para emprender acciones legales contra mí, a continuación cito pasajes de la Biblia que suscribo plenamente como católico creyente.
  • No te acostarás con un hombre como se hace con una mujer: esto es una abominación. (Levítico 18:22)
  • ¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el reino de Dios. (1 Corintios 6:9-10)
  • Por eso Dios los entregó a pasiones vergonzosas; sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza. Del mismo modo, los hombres dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío. (Romanos 1:26-27)


El Catecismo de la Iglesia Católica dice en su artículo 2357 lo siguiente:
Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.
Ruego a todos los defensores de la perversión sexual que me denuncien inmediatamente. En la sección de comentarios pueden informarme de la fecha de la citación. Gracias.

lunes, 25 de abril de 2016

Donald Trump es diferente

Desde hace un par de meses sigo con interés y, debo reconocerlo, cierto gozo malicioso, la campaña estadounidense de primarias. Normalmente me aburre soberanamente este espectáculo (no hay otra forma de describir el circo que montan cada cuatro años los americanos), pero este año la irrupción en la carrera del candidato republicano, Donald Trump, ha sido algo fuera de lo común. No estoy diciendo que apruebo todas sus ideas, ni que sea el candidato ideal. Simplemente constato que Trump es diferente a los demás. Hay una sencilla razón por ello: no depende del dinero ajeno. Es un billonario con fondos más que suficientes para sufragar los gastos que acarrea una campaña política en EEUU y ha tomado la resolución de no aceptar un sólo céntimo en donaciones. Es un hombre libre; puede decir lo que le da la gana, porque no se debe a nadie. Es un soplo de aire fresco en un sistema que normalmente consiste en una gran farsa: una batalla de títeres controlados por las élites financieras.


Es muy revelador escuchar a Trump hablar de su experiencia en la política, que hasta ahora ha sido de estar "al otro lado" del sistema. Él reconoce que siempre ha hecho contribuciones generosas a los candidatos presidenciales, tanto demócratas como republicanos. En el fondo dice que le daba igual el partido que fuera; lo importante era que si un candidato aceptaba su dinero, Trump sabía que esa persona le haría los favores que pudiera necesitar en sus negocios. Era una especie de inversión a largo plazo; yo te doy dinero para tu carrera política y a cambio tú me apoyas cuando te necesite. No me suena demasiado transparente, la verdad, pero así es el sistema político en EEUU; todo se basa en el dinero. Sin dinero no vas a ningún lado, por lo que cualquier aspirante a un cargo político tiene que tener habilidad para recaudar fondos, antes de siquiera plantear otras cuestiones.

Es refrescante oír las frases tan políticamente incorrectas que suelta Trump en sus discursos. Se nota que le da lo mismo lo que los medios de comunicación de masas pueden opinar de él. Hasta se permite mofarse de la CNN durante sus mítines, diciendo que sus cámaras jamás enfocarán al público, porque no quieren que se vea cuánta gente acude a sus eventos. Los medios de masas le odian; la élite política le odia (la cúpula del partido republicano está aterrorizada con la perspectiva de que gane la nominación); casi todos los líderes mundiales le odian; hasta el Papa Francisco ha dicho que Trump "no es cristiano". Me imagino que esta última declaración del Santo Padre habrá contribuido sobremanera a la popularidad de Trump, y merece una consideración aparte.

Es en sí sorprendente que un Papa opine públicamente sobre los candidatos de las primarias de EEUU, como si no tuviera bastante tarea con lo que ocurre en el mundo y dentro de la Iglesia. Pero es realmente escandaloso que decida atacar a Trump y callar sobre su principal adversario, Hillary Clinton. Si resulta que Trump "no es cristiano", ¿qué será Hillary? Esta mujer es un personaje siniestro a más no poder, que promueve activamente el aborto y las perversiones sexuales a nivel mundial. Ha declarado que las religiones tendrán que renunciar a los dogmas y "adaptarse a los tiempos modernos". Es la encarnación de todo lo que va mal en el mundo de hoy, lo más opuesto al reinado de Jesucristo. Sin embargo, parece que esta sierva de Satanás no le preocupa en absoluto a Francisco.

El motivo de la frase desafortunada de Francisco acerca de Trump es que éste último ha anunciado que quiere construir un gran muro en la frontera con México, para impedir la entrada de inmigrantes ilegales. Primero, no hay nada malo en querer defender tus fronteras de invasores. Ya lo dijo Ronald Reagan: "un país que no controla sus fronteras ha dejado de ser un país". Proteger la patria con muros y fortalezas es un principio tan antiguo como la civilización humana, y Francisco sólo hizo el ridículo por criticar lo que el hombre siempre ha hecho, con todo su derecho. En el Antiguo Testamento es el Mismísimo Dios quien ordena al profeta Nehemías que reconstruya las murallas de Jerusalén. Esto es lo que dice el libro de Nehemías cuando han concluido las obras de la muralla:
Cuando nuestros enemigos supieron eso, todas las naciones que están alrededor de nosotros tuvieron miedo y se acobardaron. Tuvieron que reconocer en eso la obra de Dios. (Nehemías 6:16)
Si viviera hoy el profeta Nehemías quizás el Papa Francisco diría que "no es cristiano", por construir muros en lugar de construir puentes; por querer mantener fuera de su territorio a los pueblos vecinos invasores. Sin embargo, Nehemías vivió hace muchos años, y hay que ser tolerante; el pobre profeta no conocía las maravillas de la filosofía liberal, tan querida por Francisco, según la cual todo el mundo es esencialmente bueno. Para los liberales no hay ninguna necesidad de protegerse de extranjeros invasores. Para los liberales ni siquiera hay porqué cerrar tu casa; es mejor dejar que entre todo quisque, que se lleven lo que les apetezca, y que hagan con los tuyos lo que se les ocurra. Aún más cómico es un hecho que quizás Francisco ha pasado por alto: su propia casa, la Ciudad del Vaticano, está rodeada por una muralla infranqueable y vigilada las 24 horas por un ejército para que nadie entre sin todos los permisos en regla.

Naturalmente, los enemigos domésticos de Trump aprovecharon las palabras de Francisco. El ejemplo más descarado fue la portada del 19 de febrero del Daily News de Nueva York, propiedad de Mortimer Zuckerman (judío, naturalmente), que retrata a Donald Trump como "el Anticristo". ¿Quién lo diría? ¡Un judío llama anticristo a un protestante, porque cae mal al Papa! La respuesta de Trump creo que fue ejemplar. Dijo lo siguiente a Francisco:
Si (o cuando) el Vaticano es asaltado por ISIS, que todo el mundo sabe es su trofeo más deseado, os prometo que el Papa deseará que Donald Trump fuera presidente.
Un momento estelar de Donald Trump durante esta campaña fue esta entrevista con Chris Matthews en MSNBC. De entrada, la postura de Trump es altamente hipócrita, porque habla de "las tres excepciones", que son los casos de violación, incesto y peligro para la salud de la madre. ¡Como si tuviera menos derecho a vivir un bebé que ha sido  concebido tras una violación! Esta postura, muy común entre los "conservadores" que se aplican el término de Pro-Vida, es realmente una postura abortista. Están a favor del asesinato de niños inocentes... en ciertos casos. La única postura pro-vida es estar en contra del aborto SIN EXCEPCIONES. Dicho esto, el entrevistador, que se hace llamar católico, le pregunta sobre lo que habría que hacer con las mujeres que abortan, si finalmente se consigue ilegalizar el aborto en EEUU, algo que Trump dice desear. Es una pregunta capciosa, pero Trump responde con total franqueza, no como político profesional. Dice que si el aborto fuera ilegal habría que castigar a las mujeres que infringen la ley.

Fue curioso, por no decir penoso, ver cómo un periodista "católico" le recriminaba a un político protestante su postura "pro-vida". Trump le preguntó a Matthews si era consciente de lo que enseña la Iglesia Católica sobre el aborto y si estaba de acuerdo con ello. Matthews respondió con el siguiente sofisma: "estoy de acuerdo con Su posición moral, pero las ramificaciones legales son distintas." Traducido, para que se entienda: "creo que procurar la muerte de un inocente es injustificable, un pecado que clama venganza al Cielo... PERO si una mujer decide cometer ese pecado, el estado debe otorgarle el derecho de hacerlo, e incluso pagarle para que lo haga." Curiosa doble moral, muy típico de los "católicos" de hoy en día.

El furor monumental que causó la declaración Trump, al decir que si el aborto fuera ilegal habría que castigar a las mujeres que abortan, fue un buen indicio de hasta qué punto los medios de comunicación de masas están a favor del estatus quo, es decir, del genocidio de los no-nacidos. Pero también reveló que hoy en día hay poca gente que quiere pensar con lógica cuando se trata de este tema. Es lógica elemental aplicar un castigo a las personas que cometen un crimen. Sin castigos las leyes son perfectamente inútiles; como una espada sin afilar. ¿Cómo se puede concebir que sea un crimen matar a tu hijo, pero sin que se aplique ningún castigo al que comete semejante crimen? En España la pena que actualmente se aplica a las mujeres que asesinan a sus hijos después de nacer suele ser el máximo permitido por la ley; es decir, 20 años de cárcel. El día que se ilegalice el aborto en este país (y llegará, antes o después), se aplicará una pena de cárcel para las madres que libremente decidan matar a sus hijos, además de los médicos y otros cooperadores en ese crímen execrable.



En mi opinión Trump es salvable. No es un político profesional, por lo que puede aún tener principios morales. Creo que habla con sinceridad. Piensa lo que dice y dice lo que piensa. Lo que más me gusta de él es cómo le odia el aparato sionista que controla los medios de comunicación de masas en EEUU. La desaprobación del Papa Francisco también me indica que algo bueno debe estar haciendo. Si Trump se rodea de buena gente y abre los ojos ante la realidad del aborto (no la propaganda feminista), es posible que un día sea auténticamente pro-vida. Tener un presidente de EEUU así sería un regalo de Dios. Pero aún no hay nada que celebrar. Esperemos. Recemos.

jueves, 14 de abril de 2016

El Apaciguamiento, una Estrategia Fallida

Buscar la paz es algo que todos debemos hacer. Los católicos tenemos que evitar enfrentamientos innecesarios, procurar no perder la paciencia ante las provocaciones ajenas, y ser en general gente pacífica. Sin embargo, existe una línea roja invisible entre ser pacífico y ser un blandengue. El Señor dijo que fuéramos como hermanos, no primos. [1] No creo que entren en el Cielo los cobardes, los que rehúsan defender no sólo sus derechos, sino los derechos de los demás y especialmente los derechos de Dios. Cuando un gobierno, del tipo que sea, abusa de su autoridad, y legisla en contra de la Ley de Dios, es deber de todos los católicos oponerse a dichas leyes. En ocasiones hasta es necesario deponer el gobierno, con los  medios que estén a su alcance.

Esto, que parece de sentido común, es anatema para los jerarcas modernos de la Iglesia, tan preocupados por llevarse bien con el Poder y así beneficiarse de estar entre dos aguas. Por un lado son tolerados por la gente "importante" del mundo, y por otro lado hacen y deshacen a placer dentro de su diócesis. El mayor problema, a mi juicio, de los obispos actuals  es su deseo irrefrenable de ser queridos por todos. Ya sé que generalizo, que hay honrosas exepciones. Bueno, hablo en plural, pero la verdad es que en España sólo conozco una excepción a la regla. Es doctrina segura que el número de los réprobos es mayor que los salvados, y entre los pastores de la Iglesia la cosa no es distinta. Dice San Juan Crisóstomo:
No creo que muchos obispos se salven, sino que son muchos más los que se pierden.


Si el lector hace memoria, se dará cuenta que cada vez que sale su obispo en un medio de comunicación es con una cara sonriente, hablando de lo fenomenal que va la vida eclesial. Los obispos están encantados de haberse conocido, y por nada en el mundo quieren dar la imagen de "aguafiestas". Como si fueran vulgares políticos, hablan siempre de "paz", "amor", "solidaridad", etc. pero pocas veces hacen una llamada a la conversión, a la fe en Jesucristo, no suelen hablar del pecado, porque da mal rollo, y NUNCA mencionarán la palabra "infierno". De hecho, si en los últimos 10 años me hubieran dado un euro por cada vez que un obispo español hablara sobre el dogma del  Infierno, aún me faltaría para un menú del día.

Con esta actitud no es sorprendente que ante los conflictos, la línea de actuación de los obispos modernos es casi siempre bajarse los pantalones ante el Poder. Podría poner una multitud de ejemplos, pero no quiero aburrir al lector. Bastaría hablar de la actitud servil de los obispos españoles ante la monarquía borbónica. El anterior rey, Juan Carlos I, que firmó nada menos que dos leyes abortistas (además de un largo etcétera de leyes anticristianas), gozó de la máxima aprobación del episcopado español durante su reinado. En los acontecimientos familiares (la primera comunión de sus nietos, las bodas de sus hijos) allí estaban los obispos españoles desplegando la alfombra roja para Su Majestad, sin una sola mención de que algo fallaba. Ese rey fue colaborador necesario del genocidio de más de un millón de niños españoles, pero a los obispos españoles este hecho no les importó lo más mínimo. Aunque fuera por el bien del alma del monarca, podían haber dicho algo, eso que antaño se consideraba una obra de misericordia: corregir al que yerra. Sin embargo, callaron como tumbas. Todo en nombre del apaciguamiento.

En 2013, con motivo del 75 cumpleaños de Juan Carlos I, el Arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Rouco Varela escribió una carta de felicitación, diciendo que su reinado daba "motivos de inspiración para mirar adelante con fortaleza." La imagen de estos dos personajes, que se ve abajo, he querido etiquetar "Judas felicita a Barrabás". ¿A estas alturas le sorprende a alguien que las iglesias en España estén casi vacías? Los obispos españoles se empeñan en "no caer mal" a los apóstatas y no hablar de cuestiones polémicas. Fingen que la amistad con el mundo es compatible con el amor a Dios. Hacen lo que sea para que nadie les critique, porque les importa mucho más lo que esciba de ellos la prensa anticlerical que el bien de las almas que les han sido encomendadas. Me duele decir esto, pero me temo que sea la pura verdad.

Judas felicita a Barrabás

Como he mencionado, sólo hay una excepción al servilismo del episcopado español: Monseñor Juan Antonio Reig Plá. Este obispo fue el único que dijo públicamente que el Rey pecaba gravemente al firmar la ley Aído del aborto. No es casualidad que este obispo se ha buscado problemas, no sólo con el poder político en España, sino también con Roma. De Murcia fue enviado a Alcalá de Henares, una diócesis mucho menos importante. La regla no escrita es que si todo va bien un obispo asciende durante su "carrera", empezando por una diócesis pequeña y subiendo a diócesis cada vez más grandes. Que un obispo como Reig Plá baje de categoría de esa manera es una clara señal de que Roma desaprueba su comportamiento. El pobre hombre no ha sabido imitar la actitud de apaciguamiento ante el Poder que ha caracterizado la Conferencia Epicopal Española en los últimos 40 años, y que a partir de Pablo VI es la línea pastoral a seguir. Y ya se sabe, Roma no paga a traidores.

Monseñor Reig Plá, la excepción que confirma la regla



NOTAS

[1] Nota para los que viven allende los mares: en España el término "primo" significa coloquialmente un tonto.


jueves, 28 de enero de 2016

¿Por qué los judíos no creen en Jesús?

 
Presento a mis lectores a un personaje realmente interesante, un monje ortodoxo llamado Brother Nathanael. Vive en Alaska, EEUU, como misionero de la Iglesia Ortodoxa Rusa. A pesar de ser un cismático y no pertenecer a la verdadera Iglesia de Nuestro Señor, al escuchar sus vídeos he comprobado que en muchos aspectos guarda mejor la fe católica tradicional que la gran mayoría de nuestros obispos. Es especialmente revelador todo lo que cuenta sobre el judaísmo, siendo él un converso de esta religión. Muchos de sus vídeos tratan de temas políticos, el control de las finanzas mundiales por el sionismo, los crímenes del estado de Israel, etc. Este vídeo que transcribo a continuación es más religioso. Habla de lo que ningún Papa desde el Concilio quiere hablar: la necesidad de conversión de los judíos a la fe en Jesucristo.

¿Por qué los judíos no creen en Jesús? ¿No es el Mesías prometido, tal y como predijeron los profetas en el Antiguo Testamento? Desde luego que sí. El problema es que los judíos han sustituido el Antiguo Testamento por el Talmud, como su principal documento religioso. El Talmud es esencialmente reaccionario, una codificación rabínica de reglas, que pretende refutar el mesianismo de Jesucristo. Sin embargo, una breve lectura del Antiguo Testamento demuestra claramente que Jesucristo es verdaderamente el Mesías judío.

El papel del Mesías sería el de derrotar la muerte y deshacer el mal que hizo Satanás en el Jardín del Edén. Se predijo que vendría durante los últimos días de la dinastía del rey David, que finalizó con el reino de Herodes, quien reinaba en el momento del santo nacimiento de Cristo. El Mesías sería un profeta, como Moisés, cuya nueva alianza reemplazaría la antigua y requeriría obediencia por parte de los judíos. El Mesías nacería en Belén de una virgen, y se llamaría "Dios con nosotros", Emmanuel, indicando su Encarnación. El Mesías vendría antes de la destrucción del segundo templo, que ocurrió en el año 70 de nuestra era. El Mesías portaría los pecados del mundo y resucitaría al tercer día. Crearía una nueva raza de la humanidad, Israel de Dios, la Iglesia, compuesta por judíos y gentiles, llamados por un nombre nuevo: cristianos.

Pero estas pruebas no son las únicas razones por la que los judíos deberían creer en Jesús. Verán, hay tres maldiciones que pesan sobre el judaísmo, que cada judío debe sobrellevar: la maldición de la higuera, la maldición de la desolación y la maldición de deicidio. Cuando Jesucristo vio sin fruto una higuera, un símbolo del pueblo judío, la maldijo, diciendo, "de ahora en adelante jamás producirás fruto alguno". Y efectivamente, al día siguiente la higuera estaba seca. Cuando Cristo estaba a punto de ser entregado por los judíos para ser crucificado, pronunció una maldición sobre Jerusalén: "De ahora en adelante tu casa será desolada". Y cuando Cristo se encontró ante Poncio Pilato, que le quería soltar, los judíos gritaron, "¡crucifícalo, crucifícalo! Que su sangre caiga sobre nosotros y nuestros hijos." Así ha acaecido. La maldición de deicidio está sobre cada judío, por virtud de la culpa colectiva.

Sarah Silverman, una "humorista" judía, quisiera doblar esa maldición, que ya pesa sobre su cabeza.
[Clip de Silverman] Todo el mundo culpa a los judíos por matar a Cristo. Luego, los judíos intentan endosar la culpa a los romanos. Yo soy de os pocos que piensan que en realidad fueron los negros. [Risas] Me da igual. Bien. Espero que fueran los judíos. Yo lo haría de nuevo, lo haría de nuevo en un pu.. segundo. [Más risas]
En resumidas cuentas, no hay fruto duradero que recoger del judaísmo. Nuestra nación, antaño cristiana, es ahora gobernado por judíos, pero la estela de su reino es desolación, como vemos en los miles de gentiles que han muerto luchando en las guerras a favor de los judíos en el extranjero. La maldición del deicidio se ha extendido a innumerables gentiles, a través de los medios de comunicación que están en manos judías, que ridiculizan la fe en Jesucristo.

Como un ex-judío, ahora un cristiano ortodoxo, llamo a todos los judíos al arrepentimiento, a abrazar a Nuestro Señor Jesucristo como su Salvador para liberarse de las maldiciones. Yo lo hice. ¿Por qué no lo hacen ellos?

 

martes, 26 de enero de 2016

El odio de uno mismo

El odio de uno mismo es algo realmente terrible. Nuestro Señor nos mandó: "Ama al prójimo como a tí mismo." Pues, si nos odiamos a nosotros mismos, evidentemente seremos incapaces de amar a los demás. Esta lacra, el odio de uno mismo, no solamente existe a nivel individual, sino también entre los colectivos. Cuando un pueblo empieza a renegar de su propia identidad, despreciando lo suyo y prefiriendo todo lo ajeno, es una señal de que ese pueblo se odia; y cuando un pueblo entero se odia, tiene los días contados, porque siempre habrá otros pueblos, que no se odian a sí mismos, deseando ocupar su lugar. Hoy en día observo con tristeza que este odio de uno mismo es un fenómeno que se da con bastante frecuencia entre europeos de raza blanca. Digo que lo observo con tristeza, porque yo soy de esta raza y estoy muy orgulloso de ser lo que Dios quiso que fuera.

 
Los europeos autóctonos somos los herederos de la civilización que, a mi juicio, es la más gloriosa que haya existido jamás sobre la Tierra: la Cristiandad. Lo digo sin vanagloria; simplemente es así. Para que mis lectores sepan de lo que estoy hablando, la Cristiandad es una civilización que se forjó desde las cenizas del Imperio Romano a partir del siglo V de nuestra era, hasta alcanzar su cénit en el siglo XIII. Incluso desde entonces, con todo en contra, ha habido grandes hazañas de la Cristiandad, como la evangelización de América, la lucha contra el Islam, y su contribución a la ciencia, la tecnología y las artes, especialmente la música. Quizás habría que distinguir entre la Cristiandad y la civilización europea, porque no es exactamente lo mismo. Por ejemplo, el siglo XIX fue el siglo de máximo esplendor del Imperio Británico, que gobernó un territorio mayor que cualquier otro imperio en la historia. No obstante, este imperio no tenía los mismos impulsos y motivaciones que la Cristiandad. El amor a Nuestro Señor y el deseo de extender Su reino, fue sustituido por un afán de lucro y de poder. El auge de las potencias protestantes, primero los holandeses, luego los británicos, y en el siglo XX los estadounidenses, obedeció a un cambio sustancial: la globalización de las finanzas y el comercio. Hoy en día pienso que estamos gobernados por el Imperio de la Usura, que no tiene país ni religión, pero esto es un tema para otro artículo.

Volviendo a lo que estaba comentando, los que somos de raza blanca y ascendencia europea deberíamos sentirnos orgullosos de nuestro pasado y nuestra cultura. Pero precisamente por lo que ha representado la Cristiandad, hay muchos grupos que nos envidian y buscan desprestigiar nuestra raza, inventando todo tipo de leyendas negras sobre ella. Pintan al hombre blanco como lo peor que ha existido jamás, el responsable de todos los males en el mundo. Esto no tiene otro nombre que racismo. El racismo anti-blanco está muy extendido hoy en día y por desgracia es un odio socialmente aceptado. Se fomenta desde los medios de comunicación de masas (televisión, cine, prensa, etc.) y los políticos, sabiendo que da réditos electorales, también caen a menudo en él.

Un ejemplo es lo que dijo Michelle Obama durante la campaña de su marido en 2008. Comentando sobre el enorme apoyo que tenían para las elecciones presidenciales, dijo que era la primera vez en su vida que se sentía orgullosa de su país. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que ama muy poco a su país, si lo único que le hace sentirse orgullosa de él es la popularidad de su marido. Se podría entender que tras decir esto, los negros votarían en masa a Obama, como revancha por el racismo histórico contra los negros, pero es muy triste comprobar como los blancos, después de recibir semejante insulto, también votaron masivamente a favor de Obama, convertiéndole en el primer presidente negro de los EEUU. Sólo cabe una explicación: muchos blancos odian su propia raza.

Podría dar otro ejemplo más reciente de este desprecio hacía la raza blanca. El 7 de enero de este año, el gobernador del estado de Maine en EEUU, Paul LePage, se quejó de los traficantes que viajan hasta su estado desde Connecticut o Nueva York para vender heroína, y añadió que a menudo "impregnan a chicas jóvenes blancas antes de volver". Toda la casta política ha criticado estas declaraciones por "racistas", cuando LePage sólo comentaba sobre un realidad social: la depredación de hombres negros de zonas urbanas contra chicas blancas de pueblo. ¿Está feo decirlo? A lo mejor, pero el gobernador tiene la obligación de velar por los derechos de sus ciudadanos, que en el estado de Maine son blancos en un 96%. Mirando esta problemática a nivel nacional, según las cifras del Departamente de Justicia de EEUU, se registraron 560,600 crímenes violentos cometidos por negros contra blancos en el año 2013; mientras que en el mismo año, los blancos sólo cometieron 96,400 crímenes violentos contra negros. Es decir, en crímenes violentos que involucran blancos y negros, en el 85% de los casos el agresor es negro. Tan sólo citar estos datos es considerado racismo, y quejarse públicamente de esta realidad, como hizo LePage, merece el oprobio de todo el sistema.

Algo similar ocurrió en mi país, el Reino Unido, con la violación y prostitución forzada de miles de chicas blancas por mafias compuestas de musulmanes asiáticos. El caso de la ciudad de Rotherham, en el norte de Inglaterra, fue especialmente sangrante, ya que se estima que unas 1,400 chicas fueron sistemáticamente violadas y explotadas sexualmente durante un periodo de 16 años, entre 1997 y 2013, sin que la policía hiciera nada para impedirlo. La investigación concluyó que los trabajadores sociales y la policía miraron hacía otro lado; no actuaron en contra de los criminales paquistaníes, porque no querían ser tachados de "racistas". Es decir, el racismo anti-blanco políticamente correcto condenó a esas chicas a una vida de esclavitud sexual en su propio país. Es evidente que si hubieran sido de otra raza, la policía hubiera actuado enseguida, pero los racistas en el poder consideran que la vida de una niña blanca no vale lo mismo que la de una niña de cualquier otro color.




En una edición del año 2014 de Question Time, un programa de televisión de la BBC (British Brainwashing Corporation), un señor blanco del público comenta [a partir del minuto 2:30] que mientras él duerme en la calle, porque le dicen los servicios sociales que no hay donde hospedarle, los inmigrantes ilegales recién llegados viven en pisos con todos los gastos pagados. Dice además que mientras que él ha solicitado cientos de trabajos sin éxito, y ahora ni siquiera le dan una entrevista, conoce casos de inmigrantes a los que les dan trabajo nada más llegar. Llaman la atención los abucheos del público, y la respuesta que le da uno de los "expertos", el periodista David Aaronovitch. Con un aire de superioridad realmente insoportable le explica que "las cosas no son necesariamente como uno las percibe". ¡Igual resulta que este pobre hombre estaba durmiendo en el hotel Hilton, y eso de dormir en la calle era producto de su imaginación! Esta respuesta refleja perfectamente el paradigma liberal y multicultural (es decir, el odio hacía la raza blanca), en el cual no es posible que la inmigración tenga efectos negativos sobre la población indígena.

Cuando ví ese vídeo sentí que se me hervía la sangre. Se me hacía muy duro ver como un inglés en paro y en la calle era insultado por un intelectual que ha hecho carrera promocionando el multiculturalismo. Él no habrá tenido que competir con los inmigrantes por puestos de trabajo mal pagados. Él no vivirá en un barrio que en pocos años se ha llenado de paquistaníes y se ha convertido en un gueto. Él no temerá por la seguridad de su mujer e hijos, porque no habrá un solo inmigrante a 10 kilómetros de su casa. Incluso le habrá venido muy bien la llegada masiva de inmigrantes, porque habrá encontrado gente dispuesta a trabajar en su casa por una miseria. En inglés decimos que la caridad empieza en casa. Es el colmo de la hipocresía fingir preocupación por la suerte de refugiados en un país lejano que nunca has pisado, y despreciar a un compatriota que está sufriendo y que tienes delante de tus narices.

Estas olas migratorias son una auténtica invasión, y sospecho que no es un fenómeno fortuito. Los políticos liberales no sólo han permitido que ocurra, sino que lo han fomentado, con las ayudas a todo el mundo que pisaba suelo europeo; esto es el efecto llamada. Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que fronteras permeables y un estado de bienestar son incompatibles a medio-largo plazo. Los políticos no pueden ser tan tontos; sabían perfectamente que si ofrecían ayudas de manera indiscriminada a todos los extranjeros que llegaban, se produciría una avalancha de gente desesperada. Por tanto, creo que la invasión de inmigrantes que estamos viviendo es parte de un plan para destruir Europa, y nace de un odio hacía la raza blanca.

No hay ningún problema con un puñado de extranjeros en cada país, y estoy a favor de dar asilo político a las personas que realmente lo necesitan. Pero eso no es lo mismo que convertir Europa en Eurabia. Si queremos ayudar a los países subdesarrollados a prosperar, ¿no es preferible trabajar allí, como lo han hecho siempre los misioneros? Lo que de verdad les ayuda es construir escuelas y hospitales en sus países, y esto es precisamente lo que debemos apoyar los católicos, a través de obras caritativas de la Iglesia. Me imagino que nadie querría dejar su tierra y a su gente, si tuviera opción, así que lo mejor que se puede hacer para los pobres es evitar que tengan que emigrar. Además, el efecto de la inmigración daña gravemente a los países pobres, porque suelen ser los jóvenes más cualificados que emigran. África se está quedando sin médicos, por ejemplo, porque muchos miles de ellos están trabajando en Europa. La inmigración no soluciona los problemas de los países tercermundistas; sirve para que unos pocos puedan vivir mejor, pero deja sus países de origen igual o peor de lo que estaban. Si añadimos a esto las mafias que se lucran con el tráfico de personas y las muertes de los que se quedan por el camino, el balance es muy negativo. Si a los políticos de verdad les preocupara la suerte de los países pobres, no serían tan rácanos con ayudas al desarrollo. Aquí es donde se les ve el plumero; los mismos políticos liberales que están encantados de vaciar las arcas del estado con subvenciones a los inmigrantes, no levantan un dedo por ayudar a los necesitados in situ. ¿Cuántas hambrunas ha habido en países como Etiopía? No me creo su cantinela de "solidaridad". Me suena a pura hipocresía.

Ana Pastor y Marine Le Pen
Yo creo que la forma más sensata de ver el tema es pensar que un país es como una casa. Cada casa tiene un tamaño y unas características diferentes. Cada casa tiene sus normas que hay que seguir, para que la convivencia funcione. Lo que no hace nadie es dejar su casa abierta e invitar a todo quisque a entrar. Cada casa tiene que ser generosa con sus vecinos, pero no a expensas de que sus propios habitantes sean desalojados. El liberal que aboga por las fronteras abiertas es un hipócrita, porque cuando sale de su casa cierra la puerta con llave. Él no está dispuesto a compartir su casa con todo el mundo, pero quiere que otros sean generosos con los inmigrantes. Esto es precisamente lo que le echó en cara Marine Le Pen, del Front National de Francia, a la periodista izquierdista Ana Pastor, durante una entrevista en una cadena española, la Sexta. Al acusar a la política francesa de ser xenófoba, la Sra. Le Pen le preguntó: "¿Acoge Vd. a muchos inmigrantes en su casa?" Lo más hilarante es que la entrevistadora respondió que sí. ¡Pocas veces se ha visto una mentira tan descarada en directo!

¿Quién puede pensar que es beneficioso para una nación llenarla de extranjeros? ¿Históricamente se ha visto algo parecido a lo que estamos viviendo en Europa? Sí, muchas veces a lo largo de la historia y en muchos lugares se ha producido una caída espectacular de la población nativa frente a la población extranjera, pero siempre tras una conquista militar. En Europa nunca se han visto cambios demográficos similares en tiempos de paz. Nunca antes se ha visto que los europeos invitan alegremente a otras razas a apoderarse de sus recursos y de su territorio. Esto sólo es posible por el odio de uno mismo que padecen. No tengo nada en contra de otras razas, pero mi país no puede ser el hogar de todas ellas. El dilema es muy sencillo: en la mente de los multiculturalistas, África pertenece a los africanos, Asia a los asiáticos, América a los americanos, pero Europa es para todo el mundo. Algo falla. Por poner un ejemplo, ahora en Londres la población blanca es una minoría. Sin embargo, cualquiera que cuestione que esto sea una cosa positiva es inmediatamente llamado "racista".   Si el sentido de esta palabra es el que odia alguna raza, yo no soy racista. Sí son racistas los que odian la raza blanca y buscan exterminarla. Hoy parece que todas las razas tienen derecho a disfrutar de su tierra, menos la blanca.  

 
Un ejemplo escandaloso de racismo anti-blanco en el cine es la película Django desencadenado de Tarantino. En ella el héroe, un cazarecompensas negro, interpretado por Jamie Foxx, dice la siguiente frase: "Mato a gente blanca, y me pagan... ¿cómo no me iba a encantar?" Si esto hubiera sido al revés, sustituyendo "gente blanca" por "gente negra", en boca del héroe, la película hubiera provocado una guerra civil en EEUU. Sin embargo, el racismo anti-blanco es financiado y apoyado activamente por Hollywood, y es aceptado por la gran mayoría de los ciudadanos. En respuesta a esta película, el comentarista Jeffrey Kuhner escribió esto en The Washington Times:
Jamie Foxx es Django
La intolerancia contra los blancos se ha enquistado en nuestra cultura. [La película] tiene un tema central: el hombre blanco es un demonio, una lacra moral del que hay que librarse, como si fuera un virus asesino... Simplemente propaganda disfrazada de historia.

EEUU y el Reino Unido, a pesar de estar infectados por el odio de uno mismo, no son los países que peor están. Los primeros puestos en el ranking del odio de uno mismo sin duda los ocupan Alemania y Suecia. El problema de Alemania es su complejo de culpabilidad por lo que ocurrió (o no ocurrió) durante la Segunda Guerra Mundial. Desde los juicios de Nuremberg, que en palabras del Mariscal de Campo Montgomery, hicieron que perder una guerra fuera un crímen, los niños alemanes han sido adoctrinados para creer que su país cometió las peores atrocidades en la historia de la Humanidad y que están en deuda con el mundo entero. No sólo han aprendido esto en el colegio, sino en un sinfín de películas, obras de teatro, novelas, documentales, etc. Uno de los ejemplos más ofensivos del odio hacía los alemanes en el cine es la película Malditos bastardos, también de Tarantino (se ve que el hombre es un experto en el odio y la manipulación de la historia). En esta película no sólo se pinta a los alemanes como monstruos sin corazón, sino que se justifica todo tipo de violencia y crueldad contra ellos. Es muy difícil para un alemán criado en este odio a sí mismo sentirse orgulloso de ser alemán y querer defender su patria.

Los tribunales de la mentira
Un ejemplo de racismo anti-blanco en Alemania es la reacción del régimen multiculturalista a los gravísimos incidentes ocurridos en Nochevieja 2015. En Colonia una banda de cientos de hombres (según todos los testigos tenían aspecto de ser del norte de África) atacó y acosó sexualmente a mujeres blancas en pleno centro de las ciudad. La reacción inicial del sistema fue la negación; la policía, los políticos y la prensa controlada se aliaron para censurar la noticia, pero gracias a la presión de los ciudadanos a través de las redes sociales (Facebook, Twitter, etc), después de cinco días tuvieron que reconocer lo que había pasado. Y cuando por fin los políticos reconocieron y hablaron sobre los hechos, no fue para pedir perdón a los alemanes; primero por haber permitido la entrada a su país de forma incontrolada a un millón de inmigrantes en el año 2015, incluyendo a cientos de terroristas y otros indeseables; y segundo, por la manifiesta incapacidad de la policía de garantizar el orden público. No hubo pizca de autocrítica por parte del sistema. La canciller, Ángela Merkel, condenó los ataques, pero a renglón seguido pidió "respeto por los extranjeros". Pobrecillos, deben tener una confusión tremenda; en su país debe ser un comportamiento perfectamente lícito formar bandas y violar a mujeres por la calle. ¡Qué lástima me dan!

Fue la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, quien se llevó la palma. Dijo a los periodistas que cualquier sugerencia de que los agresores eran refugiados era "totalmente impermisible". Luego se dio el lujo de ofrecer algunos consejos a las mujeres alemanas, para evitar ser violadas en el futuro por bandas descontroladas de musulmanes, como por ejemplo mantenerse a una distancia prudencial de un metro de cualquier hombre. ¿Cómo no se les había ocurrido a las víctimas? La premisa de Reker era seguramente que si una mujer blanca es violada por un inmigrante debe ser culpa suya, porque todos sabemos que los inmigrantes son incapaces de cometer un delito. Le faltó aconsejarles un truco infalible: llevar burka la próxima vez que salgan a la calle. Como no cambie la cosa pronto, eso es lo que les espera. Igual estaría bien ir acostumbrándose.

Alemania da pena, pero hay un país que está aún peor: Suecia. Históricamente le ha sucedido algo similar a Alemania; durante la Segunda Guerra Mundial Suecia se mantuvo neutral, y desde entonces la mitología izquierdista se ha encargado de crear un sentimiento nacional de culpa por no haberse opuesto a Hitler. Suecia hoy en día es gobernada por un régimen que censura el patriotismo como el peor de los vicios y promueve una política multicutural que sólo se puede calificar de suicida. Cualquier crítica hacía el influjo masivo de inmigrantes, que pronto hará que los suecos sean una minoría en su propio país, es censurada en los medios de comunicación, y para evitar ser tachado de "racista" o "nazi", los suecos indígenos tienen que aprender a odiarse a sí mismos.

 
Para hacerse una idea de hasta qué punto el odio de uno mismo es socialmente aceptado en Suecia, paso a citar un par de declaraciones de sus líderes políticos, que en un país con un mínimo de orgullo patrio se considerarían insultos intolerables, pero que en Suecia forman parte de la mentalidad dominante. La antigua dirigente del partido socialdemócrata, Mona Sahlin, dijo que no podía pensar en nada semejante a la cultura sueca, y es por esta razón que "los suecos envidian a los inmigrantes que sí tienen una cultura". Raya lo cómico afirmar que una raza que ha vivido en el mismo lugar durante siglos no tiene una cultura propia, pero así de irracional es el odio de uno mismo. En 2006 el presidente del país, Fredrik Reinfeldt, del partido "conservador", dijo: la principal característica de la cultura sueca es el barbarismo; lo demás es gracias a la inmigración. ¿Tuvo que dimitir? ¿Se exilió a una isla en el Pacífico? ¡Qué va! Tras semejante declaración de desprecio hacía su propio país, los suecos le reeligieron como su presidente.

¿Y cuáles son los frutos de este anti-patriotismo en Suecia? Primero, cada año entran unos 100,000 inmigrantes, la mayoría de religión musulmana. Muchos entran legalmente y los que entran ilegalmente suelen quedarse porque gozan de las mismas ayudas, así que la diferencia es poca. Suecia se gasta 4,000 millones de euros anuales en colocar a los recién llegados, más de la mitad de los cuales nunca encuentran trabajo y ahora y un 60% de todo su presupuesto social se destina a la población inmigrante. Luego, Suecia se ha convertido en el segundo país del mundo con más violaciones por habitante, sólo superado por Lesoto, un pequeño país en el sur de África. Tras 40 años de experimento multicultural, el índice de crímen violento ha aumentado un 300% y las violaciones un 1470%, como se aprecia en el gráfico de abajo. Pero claro, esto no tendrá nada que ver con la invasión de hombres musulmanes de países subdesarrollados. [Sarcasmo OFF]


En Suecia a estas alturas está muy claro que la fantasía multiculturalista no ha funcionado. La utopía con que soñaban los liberales se ha convertido en una pesadilla. Para defender su política suicida, el régimen tiene que usar la represión, la mentira y la censura, al estilo de la Unión Soviética de Stalin. Los pocos parlamentarios que están en contra de la inmigración masiva tienen que llevar escolta las 24 horas del día, por miedo a tanta tolerancia. Un ejemplo increíble de como esta dictadura políticamente correcta castiga a los disidentes es el caso de Michael Hess, un político del Partido Demócrata de Suecia. En 2014 las cortes le sentenciaron a pagar una multa de unos 6000€ por establecer la conexión entre la epidemia de violaciones que sufre su país y la importación masiva de inmigrantes musulmanes. La sentencia es tan absurda que sería difícil inventar algo semejante. Dice así:
Michael Hess
La Corte considera que la cuestión de la veracidad de las declaraciones de Michael Hess no tiene relevancia alguna para el caso.... Las declaraciones de Michael Hess constituyen, por tanto, una expresión de desdén hacía los inmigrantes de fe musulmana.
Sí, ha leído correctamente. Dice la sentencia que no importa si es verdad lo que dice el acusado. Lo importante es que los musulmanes se han sentido ofendidos. Es la máxima expresión de la locura liberal.

Tras ver los deprimentes resultados del multiculturalismo, que es un eufemismo para el racismo anti-blanco, podríamos preguntarnos por las causas de tanto odio de uno mismo. Creo que en el fondo todo viene de la apostasía de Europa. Los pueblos de Europa empezaron por rechazar la fe que está en las raíces de su cultura, y han acabado rechazando su cultura entera. Este proceso de apostasía lleva inexorablemente al suicidio colectivo; los pueblos que reniegan de su identidad cultural al final se convencerán de que ni siquiera tienen derecho de existir. En poco tiempo estos pueblos morirán. Si la causa de sus males es de abandonar la fe cristiana, su única esperanza ahora es volver a ella. Que Europa rece al unísono el salmo 42 que se oye al principio de la Misa: Introibo ad altare dei. Ad Deum qui laetificat juventutem meum. ¡Es hora de que los pueblos de Europa despierten!




lunes, 18 de enero de 2016

El Culto a la Fealdad

Un fruto evidente de la apostasía de Occidente es la fealdad cultural. Guste o no, Europa se construyó sobre la fe en Cristo, y con el rechazo voluntario de esa fe ha crecido un odio por parte de los mismos europeos hacía toda la tradición cristiana. En definitiva, un odio hacía el mismísimo Dios, fuente de toda belleza, ha generado un gusto por la fealdad. Hasta que Europa se auto-destruyó en la Gran Guerra de 1914-18, toda su historia, sus tradiciones y su cultura bebían directa o indirectamente del cristianismo. Creo que fue a partir de de esta guerra, cuyos 100 años ahora que se conmemoran, que Europa optó definitivamente por rechazar a Cristo. Desde luego, fue un proceso que tardó su tiempo, pero fue gracias a esta contienda que la mentalidad revolucionaria, y por tanto anticristiana, logró contagiar a todo Occidente. Desde entonces la cultura moderna se ha degenerado hasta convertirse en un culto a la fealdad.

Este culto a la fealdad se manifiesta en diversas formas artísticas en las corrientes vanguardistas de la época inmediatamente posterior a la Gran Guerra. En la música, la Segunda Escuela Vienesa, liderada por Arnold Schoenberg, buscó una ruptura radical con el pasado. Su sistema dodecafónico fue un intento de crear una nueva música a partir de teorías matemáticas y filosóficas. Aún hoy en día hay músicos de renombre que defienden el dodecafonismo, pero en mi opinión lo hacen por puro esnobismo artístico. La realidad es que nadie soporta la música dodecafónica, cuyo efecto estético se podría comparar a una patada en la espinilla. El que quiera comprobarlo, que escuche esta pieza de Anton Webern. [1] Es un buen ejemplo de la artificialidad moderna; en lugar de cultivar formas artísticas que nacen y se desarrollan orgánicamente dentro de una cultura viva, una élite decide imponer unas normas a partir de sus teorías académicas, creando una brecha insuperable entre ellos y la gente normal.

La música llamada "culta" siguió por este camino esotérico que dictaba una élite cada vez más divorciada del mundo real. En cuanto a la música de las masas, a partir de los años ´50 el Rock and Roll arrasó una generación entera hacía el desenfreno y la pérdida de valores religiosos. [2] En general, la historia de la música del siglo XX se caracterizó por una búsqueda frenética de la novedad a toda costa, tanto en las estridencias de la música "culta" como en el Rock and Roll. Creo que es por esta razón que la música antirevolucionaria por antonomasia, la música tradicional, también llamada folclórica, entró en declive. La tragedia de los últimos 100 años en Occidente, a mi juicio, es la progresiva pérdida de la herencia musical tradicional de los pueblos. Cada año constato con tristeza que mis alumnos del conservatorio son incapaces de cantar alguna canción tradicional de su región. Sólo conocen las bandas sonoras de películas de Hollywood, la música de programas de televisión, o lo que cantan las estrellas del Pop.

La música tradicional es la que se transmite oralmente de generación en generación, y varía de una región a otra. Esta música fortalece el vínculo cultural entre todos los miembros de una misma comunidad y crea una identidad cultural que distingue su comunidad de otras. Exactamente lo contrario ocurre con la música Pop. Esta música cambia constantemente con las modas, por lo que cada generación se aficiona a un género diferente a la anterior, creando una brecha cultural intergeneracional. Además, la música Pop, promocionada por los medios de comunicación de masas, es la misma en cualquier lugar. Esto quiere decir que errosiona la identidad cultural de los pueblos, porque musicalmente ya nada distingue unos de otros. Cuando una tradición musical muere es casi imposible resucitarla. Desaparece para siempre parte de la identidad cultural de un pueblo, para ser reemplazado por bazofia extranjera. Es un empobrecimiento cultural realmente trágico, que sirve para avanzar la agenda del Nuevo Orden Mundial. Esta homogeneización de la cultura ocurre en casi todos los aspectos de nuestra vida. Los restaurantes donde se sirve comida local son sustituidos por hamburgueserías de franquicias americanas. Las modas locales en el vestir y los trajes típicos de cada región se sustituyen por lo que dictan cuatro diseñadores en Nueva York o París. Los bailes autóctonos ceden el lugar al vulgar contoneo discotequero. Hasta las lenguas de cada nación son invadidas por anglicanismos.

En las artes plásticas también es fácil ver el culto a la fealdad . El arte decadente, el feísmo y el arte abstracto, beben de fuentes inquietantes. Uno de los principales ideólogos que inspiraron el nuevo arte modernista es Charles Baudelaire, un drogadicto degenerado cuyo magnum opus, Les Fleurs du Mal, es abiertamente una alabanza a Satanás. Otra influencia importante, sobre todo para el arte abstracto, es Helena Blavatsky, la fundador de la religión esotérica mágica denominada teosofía. Con estas raíces no es de estrañar que el árbol del modernismo artístico creciera torcido desde el principio y diera frutos tan amargos.

Esta acuarela de 1911 es el primer cuadro abstracto:




Su autor, Wassily Kandinsky, explica en su libro De lo Espiritual en el Arte, que este nuevo movimiento artístico se fundamenta en las teorías de Blavatsky, la Doctrina Secreta, como él lo llama. Piet Mondrian, otra figura importante del arte abstracto, también era adepto a la teosofía:
Mediante la teosofía me di cuenta de que el arte podía ofrecer una puerta hacía otras dimensiones más altas, que llamaré el reino espiritual.

Un cuadro de Mondrian de 1930

El dadaísmo, la expresión artística del ateísmo y el nihilismo y la primera manifestación de la fealdad como principio estético, surgió durante la Primera Guerra Mundial. En décadas anteriores Friedrich Nietzche, el gran profeta del ateísmo, había abogado por la fealdad en las distintas expresiones artísticas:
Se ponen límites demasiado estrechos al arte cuando se le exige que sea sólo el vehículo de expresión del alma regulada y equilibrada. Al igual que en las artes plásticas, hay en la música y en la poesía un arte del alma fea, junto al arte del alma bella. [3]
La figura más representativa del dadaísmo, Tristan Tzara, un marxista judío de origen rumano, utilizó el arte como una pieza más en la Revolución. Si bien tuvo un éxito limitado en su momento, su influencia posterior ha sido enorme, como por ejemplo en el Pop Art de Andy Warhole de los años ´60. Así es como ArteEspaña.com define el dadaísmo:

El Dadaísmo se presenta como una ideología total, como una forma de vivir y como un rechazo absoluto de toda tradición o esquema anterior. Está en contra de la belleza eterna, contra la eternidad de los principios, contra las leyes de la lógica, contra la inmovilidad del pensamiento y contra lo universal. Los dadaístas promueven un cambio, la libertad del individuo, la espontaneidad, lo inmediato, lo aleatorio, la contradicción, defienden el caos frente al orden y la imperfección frente a la perfección. Proclaman el anti-arte de protesta, del shock, del escándalo, de la provocación ... Se basan en lo absurdo y en lo carente de valor.
"Mujer sentada" de Picasso, 1927
Quien tomó el relevo en este rechazo a la belleza artística fue el comunista español, Pablo Picasso. Picasso llevó a nuevos extremos la deliberada distorsión del cuerpo humano. Satanás odia el cuerpo del hombre porque está hecho a la imagen de Dios, es "templo del Espíritu Santo", y porque la segunda persona de la Santísima Trinidad quiso hacerse hombre. Por estas razones es natural que los artistas bajo la influencia del Demonio representen a los hombres como si fueran bestias repugnantes. Sir Herbert Read, posiblemente el crítico de arte más influyente de su tiempo, afirmó que Picasso pintaba en un estado de trance, para poder conectar con el "subconsciente colectivo". El caos, tan presente en todos su cuadros, me indica que Picasso fue un hombre gravemente desequilibrado, como mínimo. Personalmente creo que en sus trances el pintor conectaba con algo mucho más siniestro que el subconsciente colectivo (si es que tal cosa existe). Creo que conectaba con los espíritus malignos del Infierno.

Picasso también fue el pionero del artista charlatán. Se hizo inmensamente rico y famoso en vida, gracias en gran parte a su habilidad para vender sus ocurrencias artísticas al público, lo que hoy llamaríamos marketing. Hoy el arte contemporáneo se ha convertido en una gran farsa, donde lo único que prima es la promoción de los "artistas". El que sepa hacerse un nombre entre la gente influyente vende sus creaciones por millones de dólares, irrespectivamente de su calidad estética. El producto artístico es irrelevante; se vende y se compra una firma, como si fuera una acción en la bolsa. Por esta razón el Tate Gallery de Londres compró y exhibió este montón de ladrillos del "artista" Carl Andre.





Es por la misma razón que Damien Hirst, cuya obra más conocida es este tiburón en una solución de aldehíco fórmico, ha ganado unos 500 millones de dólares vendiendo lo que cualquier persona mínimamente sensata sabe que es basura. ¡Qué bonito es el traje del emperador! dicen los gurus del arte contemporáneo, y todos los tontos útiles se preguntan (sin atreverse a decir nada) porqué no lo aprecian como deberían.



 Los soviéticos fueron los pioneros en crear monumentos abstractos gigantes que afeaban el espacio público, una moda que hoy en día se ha extendido por el mundo entero. Aunque los gobiernos liberales occidentales se gasten fortunas en construir mamotretos horripilantes, en mi opinión los antiguos monumentos soviéticos aún los superan. Vean por ejemplo esta monstruosidad de la antigua Yugoslavia:


Murcia, la ciudad en la que vivo, tiene un número desproporcionado de esculturas gigantes de este estilo. De hecho, Murcia es sin duda la ciudad con más esculturas feas por metro cuadrado de España. Sus políticos creen que al gastar el dinero de los murcianos en basura moderna (¡una basura muy cara!) han elevado el nivel cultural de la ciudad, cuando lo único que han hecho, aparte de cabrear a mucha gente, es demostrar lo paletos que son y el pésimo gusto estético que tienen. Para deleite de mis lectores ofrezco una selección de las esculturas más feas de Murcia, todas erigidas en los últimos 10 años:

Una araña multicolor

Un come-cocos gigante que "sólo" nos costó 200.000€

El casco de Darth Vader, en pleno centro de la ciudad

El monstruo de la chatarra

Una mantis religiosa de 20 metros de altura

Aparte de la evidente fealdad de estos "monumentos", llama la atención su absoluta vacuidad; no significan ni representan nada. En este sentido son un fiel reflejo del régimen liberal que padece Europa entera, verdadero heredero del marxismo cultural. Al rechazar a Jesucristo, al dar la espalda a las tradiciones de nuestros ancestros, se ha caído en el más absoluto nihilismo. El único consuelo que me queda es pensar que estos atentados estéticos se perpetran contra el pueblo.


NOTAS

1. Concierto para 9 instrumentos.

2. Para un estudio de la naturaleza satánica del Rock and Roll, ver este artículo.

3.  Friedich Nietzsche, Humano, demasiado humano § 152